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Recuperándonos de lo Vivido

Algunas heridas del pasado pueden continuar en nuestra actualidad. Encuentra el modo de sanar en el próximo artículo.

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"Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios." Proverbios 2:6

Algunas situaciones vividas se encargaron de generarnos golpes y miedos en nuestro ser interior. A veces individualmente creamos, consciente o inconscientemente algunas otras y es allí donde reside un abanico enorme de posibilidades donde perdemos el rumbo de la Fe.

Esas cicatrices son aprendizajes de vida que debemos transitar para poder acercanos al Espíritu Santo.

Esas penas son oportunidades de cambio poder transitar de un modo más equilibrado por la senda del Señor.

Las cosas rotas no se deberían tirar, no se descartan. Lo mismo sucede con los seres humanos, las personas que nos rodean. No son para consumir y descartar cuando aparece la primera falla, el primer quiebre.

Dios nos enseña que no debemos hacer eso ni con los objetos ni con las personas. Las personas no se consumen: se las ama, se las cuida, se las quiere y nutre.

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"Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie." Santiago 1:5

Tenemos una historia propia y una cotidianeidad repleta de testigos que nos conocen de modos distintos.

Cada persona especial, cada ser querido que nos conoce y sabe en qué momento acercarse para tendernos una mano. Escuchándonos en plegaria y oración cotidiana, podremos estar más conectados con el Espíritu Santo y reconectándonos con el Padre Celestial. Recobrando la esperanza necesaria para sentirte feliz, alegra y cultivando los dones que Dios nos otorgó.

Es importante que seamos conscientes de que aquello que nos rodea y afecta la vida directamente. Si te encuentras en un período de claridad interior, intenta acercarte a las personas que te necesiten. Quizás tu voz y tu ayuda calmará a alguien que necesita un poco de paz mental.

Si en cambio, tú necesitas una conversación contigo, con una amiga, un amigo o un familiar de confianza, no dudes en acudir. Estarán más que felices de poder ayudarte, involucrándo al Señor en esta sanación universal.

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"Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias." Salmo 34:6

Resulta que en oportunidades no sabemos cómo ni cuándo hacerlo, pero es claro que necesitamos pedir ayuda. No importa qué tipo de acontecimiento hace que en tu mente y en tu interior sientas esa necesidad.

Para la configuración emocional de cada ser humano, la resolución de conflictos o problemas puede determinar un grupo de acciones concretas. Para otro grupo en primera instancia se requerirá identificar “¿Qué me pasa?”.

Pudo haber sido un problema en el pasado o una situación actual de salud. No importa la naturaleza del hecho, pero en nuestro ser abunda una sensación de tristeza y amargura de la que no podemos liberarnos.

Sumado a esto, nos cuesta pedir ayuda o entender quién es el que nos podría dar una posible solución o camino para poder remediar lo que nos acontece.


“Sácame del cieno y no dejes que me hunda; sea yo librado de los que me odian, y de lo profundo de las aguas.” Salmos 69:14

Debes detenerte en este preciso instante si deseas realizar un cambio hoy y ahora. Dejar de pensar en que no puede salir de esta situación.

No alimentar con pensamientos negativos y sin invocar a la Fe hace que te estanques aún más en las profundidades de la soledad. No aceptar ayuda ni de tus seres queridos y menos del Espíritu Santo te convierte en un ser sin vida. Que no puede reflexionar y se dedica a consumir sus recursos humanos en generar amargura y tristeza.

Para poder sanar de un modo único tienes que soltar esas ataduras malvadas y destructivas que te hicieron caer. Pudo haber sido una decisión del pasado. Puede ser algo que cometiste en tu presente. Pero si hay algo que Dios hace es perdonar.

Su misericordia es el camino a la salvación de tu corazón.




Versículo diario:


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