Un entrenamiento necesario

La Palabra de Dios se encuentra recopilada en diversos lugares y formatos. Hace miles de años que se encuentra a disposición de millones de fieles en la Biblia. En cientos de idiomas y ediciones, es el origen de nuestra aproximación con nuestro Padre. En el caso de que nunca hayamos antes acudido a Él, para poder conocernos y poder escuchar  el mensaje de Dios, tenemos que intentar leer a diario los pasajes bíblicos y además interpretar todos sus mensajes. “»Hijo mío, si recibes mis palabras y guardas en ti mis mandamientos, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinas tu corazón a la prudencia, si invocas a la inteligencia y pides que la prudencia te asista; si la buscas como si fuera plata y la examinas como a un tesoro,  entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios,” Proverbios 2:1-5

Su voluntad y sus enseñanzas se encuentran plasmadas en cada una de las hojas de este hermoso ejemplar. También tenemos que orar a diario. Nuestro Señor desea conversar con cada uno de nosotros y en oración es donde podemos interactuar con Él. Dialogar significa que existan dos partes. Eso espera Dios cuando oramos. Que seamos dos interlocutores en dicha oración. Que el orar no nos represente un monólogo. Debemos entender que en el silencio y en nuestros pensamientos debe abrirse un espacio de escucha activa con Jesús. De esta manera, el Espíritu Santo se manifestará, nos bendecirá con su gracia y nos traerá Paz a nuestros corazones.

En la medida que continuemos tomando decisiones en nuestras vidas, ocurrirán situaciones y nos expondremos a condiciones en las que muchas veces no estaremos felices o simplemente no esperábamos que sucedan ciertos hechos. Son justamente esos momentos en los que Dios se hace presente. Desde pasar por una mala experiencia, atraer a una persona a que nos ayude a superarla, hasta permitiéndonos acercar a nuestros amigos o familiares, el plan para superar dicha circunstancia estaba listo por nuestro Padre. Él deseaba que suceda de ese modo, que se presenten las oportunidades necesarias o que se abran las puertas para que podamos atraer dicha realidad a nuestra vida, acompañada de la Fe. “En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. Pues el que quiere amar la vida y ver dias buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño. Apartese del mal y haga el bien; busque la paz y sigala.” 1 Pedro 3:8-11

La comunión entre nosotros los creyentes es un espacio donde se brinda la posibilidad de escuchar y apoyarnos entre hermanos. También nos da la oportunidad de conocer realidades totalmente distintas a las que vivimos. Por este motivo es que Dios nos llega de formas diversas, por medio de señales, de su palabra y  de los fieles que buscan seguir al Espíritu Santo. Nuestros sentidos deben estar siempre abiertos y afinados para poder recibir la palabra de Dios desde donde provenga. Nuestros ojos y oídos espirituales, siempre atentos para poder albergar a Jesús en nuestros corazones. “Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres. Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: mia es la venganza, yo pagare, dice el Señor.  Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.” Romanos 12:17-21