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Jamás hay que descuidar que elegimos la ruta hacia la luz perpetua. Explora las citas bíblicas en este texto que te guiarán para recobrar la alegría completa.

“Y sabemos que en todas las cosas Dios obra para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” Romanos 8:28
Con frecuencia, consideramos el destino como un elemento externo, algo que surge sin nuestra participación. Como si se tratara de una fuerza mayor que elige a ciertos individuos para favorecer y a otros para ignorar.
No obstante, resulta esencial captar que la trayectoria que delineamos en la existencia se define por nuestras opciones y nuestra relación con las gracias celestiales. El azar no incide en la forma en que afrontamos nuestras dificultades, nuestras dudas o cómo nos robustecemos ante las barreras.
La serenidad espiritual y la percepción de que las dádivas del Creador nos respaldan en cada instante son vitales. Las identificamos en los periodos de gozo y las apreciamos, pero también aprendemos a suavizar el dolor, la nostalgia y las ausencias.

“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7
No podemos pasar por alto la presencia de acontecimientos propicios o adversos que podrían aparentar ser fruto de la coincidencia o el capricho, pero en verdad se encuadran en el diseño establecido por nuestro Padre Supremo. Frecuentemente, estos sucesos rebasan nuestra comprensión y están fuera de nuestro dominio.
Existen circunstancias en la existencia que solo se esclarecen mediante la confianza y la devoción. Es en esos instantes pivotales, donde la trayectoria de alguien se altera de modo profundo, que la acción sobrenatural se manifiesta y no deja lugar a interrogantes sobre su esencia.
Aunque haya coincidencias en las que algunos individuos parezcan gozar de mayor fortuna que otros, en el terreno de la rutina diaria, los hechos se desarrollan de otra manera.
“Pero busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” Mateo 6:33
¿Has observado cómo las personas que emanan calma y cariño, que son optimistas, joviales y encaran la existencia con una expresión radiante son las que más te impresionan? Esas personas que se mantienen cerca del Maestro, que sostienen una conversación continua con Él mediante la súplica, poseen una perspectiva más honda de la verdad.
Si observas con cuidado al andar, percibirás que no te fijas en el suelo que transitas, en su firmeza y en el apoyo que ofrece a cada movimiento. Lo consideras obvio, consciente de que siempre permanecerá, pero no te paras a valorar la abundancia que contiene. De forma análoga, consideramos evidentes numerosas aspectos en nuestra existencia, solo suponiendo que perdurarán. Sin embargo, la interrogante que debemos plantearnos es: ¿quién ha permanecido siempre a nuestro lado?
Querer resulta complicado cuando nos sentimos huecos. La existencia contemporánea, tan veloz, nos envuelve y nos obstaculiza valorar los elementos fundamentales que confieren propósito a nuestra trayectoria, particularmente en nuestra comunión con el Altísimo.
Si percibes que algo falla, si no vives la totalidad, es probable que estés en una fase de distanciamiento de tu sendero de creencia y del Espíritu Divino. Es la ocasión de reanudar la vinculación con tus fundamentos, aquellos que proporcionan vigor y sustancia a tu trayectoria junto al Redentor.

“El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.” Salmo 23:1-3
Reanuda la súplica, regresa al reposo y adéntrate en el estudio de las Escrituras. Procura atender y esmerarte por aproximarte a la majestad del Padre. Abre tu alma a las gracias en vez de colmarte de diálogos ruidosos y, en gran parte, huecos.
Si proceder conforme al sendero de la creencia te respalda y te vigoriza, reconecta con esa vitalidad de la que te has separado. Tus emociones surgirán paulatinamente, y restablecerás el propósito de tu existencia. Produce tu propia vitalidad y progresa en la orientación que el Creador ha trazado para ti. Mantén en mente que el Salvador es tu observador y aliado en esta trayectoria.
Recordemos que, más allá del azar, es nuestra confianza y vinculación con el Altísimo lo que forja nuestro porvenir. Mediante nuestras opciones, nuestra calma interna y nuestra dedicación a las gracias celestiales, podemos vivir una existencia completa y trascendente. Que la ruta que delineemos se caracterice por la confianza, la expectativa y la seguridad en la orientación afectuosa del Creador. ¡Que la serenidad y la misericordia sobrenatural nos guíen perpetuamente!