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“Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa”, nos enseñan los preceptos de la Biblia. Esto es, más vale el amigo sincero, el que se acerca y dice la verdad, aunque esta duela. El que no tiene miedo de mostrarte tus peores partes, las que requieren trabajo, compasión y paciencia.
Amigo es aquel dulce como la miel, que puede hablarte sobre tus fortalezas, pero que puede marcarte tus errores con amor y sabiduría. Ten cuidado con los lobos vestidos de cordero, aquellos abundan en el mundo. A ellos también trátalos con amor, pero obsérvalos detenidamente, observa su beso interesado, su abrazo que busca la utilidad y el provecho.
La sinceridad es invaluable: no todos podrán regalartela, sólo tus más amados amigos, los más queridos, los que son hermanos irremplazables. Valora la Verdad y el Amor que prima en ellos, el mismo Amor de Dios. El Amor de Dios se verá reflejado en tus vínculos más genuinos, los más perfectos de tu vida.
Dios te enseñará con quiénes compartir tu tiempo, pero además te enseñará que cada persona aparece en tu vida por un motivo particular y en un momento determinado. Tal vez no encuentres explicaciones lógicas a esto, simplemente es así. Cultiva tus relaciones, la amistad es dulce y deseable.
Aléjate de la ira, de la necedad, de los enojos infundados. Que el motivo primordial de compartir con los otros sea el vivir en el Amor infinito, aquel que es perfecto y hermoso, aquel que te da ganas de levantarte por las mañanas, abrir las ventanas y respirar el aire puro de un nuevo día.
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