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“Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.”

1 Juan 5:15

Tiempo para Dios


El tiempo en sí mismo a veces resulta muy desvalorizado, creemos que siempre podremos retomar eso que dejamos pendiente. Dejamos “para después” diferentes compromisos, citas y reuniones, pero también corremos el riesgo de dejar de lado nuestro tiempo para Dios. Ese momento en el que nos disponemos a reflexionar y a pensar en aquellas cosas que nos suceden, en las formas en las que nos conducimos con los demás. Cuando no resguardamos ese “estar” con Nuestro Padre Celestial estaremos alejándonos poco a poco de nuestro deber como cristianos.

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Retornar a Dios sólo cuando estamos en necesidad o en desesperación es un camino errado. Encontrar pequeños espacios para conversar con Él, para la reflexión y la entrega devota, será lo que nos brinde tranquilidad y nos mantenga cerca del Señor. Encaminados en nuestra fe, involucrados en nuestras comunidades, siendo solidarios con los demás y teniendo una escucha atenta. Cuando no le dedicamos la atención suficiente a nuestro andar como hijos de Dios, podemos cometer errores que no serán sencillos de corregir, ya que no tendremos pensamientos claros sobre el buen accionar. Es por ese motivo que aunque sean algunos minutos al día debemos destinarlos a estar en silencio y contemplar qué hemos hecho durante la jornada, qué queremos para nuestros caminos, para colaborar con nuestro prójimo.