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”Los planes bien meditados dan buen resultado; los que se hacen a la ligera causan la ruina.”

Proverbios 21:5

La espera


Muchas veces nos ponemos a disposición de otros para que nos indiquen qué camino tomar. Esperamos sus consejos para elegir la mejor decisión, o sus palabras certeras para mostrarnos cómo resolver ciertos problemas. Es una buena práctica cristiana poder escuchar al prójimo y seguir su enseñanza, pero eso no debe desviarnos de nuestro propio modo de hacer las cosas. Solo Nuestro Padre Celestial nos dará el mejor consejo y velará por nuestro bienestar y cuidado, aunque también tendremos que hacerlo nosotros mismos.

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Cuando quedamos a merced de lo que los demás quieren para nosotros, muchas veces podemos perder de vista nuestro propio camino. Nuestras elecciones, equivocadas o no, nos darán la madurez necesaria para tomar las riendas de nuestras vidas. Si bien Dios estará allí en todo momento en el que precisemos su palabra de aliento o en aquellos tiempos en los que nos invada la incertidumbre, tenemos que tomar acción por nuestros destinos. Entregarnos a imitar a nuestros hermanos nos quitará parte de nuestra esencia. Copiar actos de solidaridad y escucha, de ayuda a quienes lo necesitan, serán buenas decisiones, mas cada uno tendrá que explorar sus propias convicciones y recorrer el sendero individual acompañado de la mano de Dios Padre.