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“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”

Romanos 12:2

No adormecerse


Hoy en día me resulta muy familiar ver a mi alrededor y encontrar personas que están “adormecidas”. Cristianos que han perdido su voluntad de ayuda, que no son solidarios con la realidad que los rodea, que son hostiles entre sí. Las discusiones o peleas proliferan en cada ámbito: en el trabajo, en las calles, hasta en el propio hogar. Discutimos por nimiedades, nos trenzamos en las más épicas conversaciones sin llegar a puntos en común, y eso ocurre porque ninguno de nosotros puede hacer una pausa y recordar sus profundos valores cristianos. Vivimos tan inmersos en nuestras rutinas, en nuestros ritmos vertiginosos de vida, que olvidamos tomarnos un momento para reflexionar sobre lo que hacemos a diario.

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Tomarnos un tiempo para conversar con Dios en estos tiempos será fundamental, porque sólo Él nos traerá de vuelta al camino divino y a la gloria y tranquilidad que necesitamos para nuestro andar. Si seguimos tratándonos los unos a los otros con violencia o desidia no seremos capaces de evolucionar como sociedad y de finalmente, poder vivir en comunión como nuestro Señor lo quiere para nosotros. Retomar la reflexión nos traerá la calma, pero también debemos colaborar como siervos fieles de Dios y traer de regreso a quienes se hayan alejado de su Palabra.