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“Hay, quizás, muchas variedades de idiomas en el mundo, y ninguno carece de significado. Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí.”

1 Corintios 14:10-11

No necesita traducción


Si alguna vez viajamos de vacaciones o por trabajo a un país en el que no se habla nuestro propio idioma, podemos estar atemorizados sobre cómo esa experiencia puede resultar. Si nos comunicaremos con señas o cómo los demás harán para entender nuestros pedidos. Tratamos de aprender algunas palabras de último momento para poder sobrellevar la diferencia, preguntamos a conocidos si han tenido algún problema para hacerse entender. Pero lo que no notamos es que el idioma de Dios es universal.

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Así, si somos amables y pedimos lo que necesitamos con cortesía, seguramente los habitantes de ese lugar nos comprenderán. Cuando nos comunicamos abiertamente y de manera respetuosa nuestros hermanos responderán, independientemente del lugar del Mundo en que nos encontremos. Incluso, podemos ir más allá con la experiencia y aprender de ellos cómo viven la Palabra de Dios en sus regiones, cómo son sus Iglesias por dentro, sus costumbres como cristianos radicados en otro lugar de origen. El reflejo de lo que cada uno de nosotros es sabrá hacerse presente en conversaciones en las que no compartamos el idioma. Dios ha establecido un idioma universal entre todos sus hijos, y ese es el amor. Cuánto más compasivos, solidarios y amorosos seamos entre nosotros mejor nos comprenderemos.