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“Y luego el Espíritu Le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles Le servían.”

Marcos 1:12-13

Abonando la esperanza día a día


¿Cuántas veces hemos deseado haber nacido en una familia adinerada para de es amanera no tener que luchar por llegar a fin de mes sin sufrir en el intento? ¿Cuántas veces hemos deseado no atravesar enfermedades para tampoco sufrir el proceso? ¿Cuántas veces hemos deseado tener una vida más fácil en todos los aspectos que se nos ocurran, para de esa manera disfrutar todos los beneficios que imaginemos?

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Primero que nada, me gustaría aclarar que todas estas fantasías no hacen otra cosa que consumir nuestro tiempo y que no nos llevan a ningún lado. Tenemos la vida que tenemos y eso debe ser más que suficiente, pero la cuestión en sí no tiene que ver con la vida que nos ha tocado, sino con qué hagamos con ella. Por otro lado también me gustaría aclarar que una vida “fácil” no implica poder disfrutar de ella, ya que bien se puede disfrutar de cualquier momento, de cualquier vida, solamente debemos aprender a ser agradecidos y de esa manera poder ver las cosas que merecen nuestro disfrute. Recordemos que una vida “fácil” implicaría, en tal caso, no tener que luchar por nada, ya que todo lo que deseemos nos sería dado.


Pero al mismo tiempo tampoco creceríamos ni espiritualmente ni como personas, ya que la lucha implica un crecimiento personal. Recordemos entonces cómo Dios nos insta a luchar por aquello que deseamos, cómo luchando fortalecemos el espíritu y, por ende, también nuestra Fe en Él.