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“Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

Santiago 1:5

El ciclo de la vida


La vida es cíclica y hay momentos que simplemente no encajan unos con otros. Proyectos que se desdibujan y quedan guardados en un cajón, esperando algún día volver a ver la luz. Que los encontremos y que los desempolvemos, que les pongamos energía y sueños. ¿Quién dice que ahora no puede ser la hora de llevarlo a cabo?. De aprender un idioma nuevo, de sumar un integrante a nuestra familia, de volver a reencontrarnos con Dios.

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A veces creemos que como hemos estado tanto tiempo separados de la fe, no podemos volver a ella con facilidad. Ese es un error, dado que Dios como nuestro Padre siempre esperará nuestro regreso con los brazos abiertos. Para darnos su cobijo, su palabra de aliento o simplemente, para esperar paciente mientras volvemos a conectarnos con nuestra verdadera devoción. Cuando tenemos temor de volver a la Iglesia, de conversar con nuestros hermanos cristianos o de comenzar a ser más solidarios con el prójimo, sólo estamos evidenciando nuestras propias limitaciones. Dios jamás será avaro con el amor que nos brinde, así hayamos permanecido años sin conversar con Él. Nuestro Padre estará allí, atento a nuestros pasos, atento a nuestras desilusiones, para abrazarnos fuertemente cuando estemos dispuestos a recibirlo.