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“Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar. Me has despejado el camino, así que mis tobillos no flaquean.”

Salmos 18:35-36

Bendito


Saberse estimado y bendito en nombre de Dios es un sentimiento que nos puede otorgar mucha calma cuando nos encontremos perdidos. Olvidarse de eso puede ser peligroso, sobre todo si nos dejamos llevar por cuestiones banales y superfluas. Recordar que Nuestro Padre siempre nos cuida y protege de todo mal puede ser una creencia muy poderosa cuando nos quieran seducir a ingresar en caminos del mal. Preferir la voluntad de Cristo, ser sus servidores, sus hijos devotos y fieles siempre se antepondrán como las mejores opciones.

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Hacer a un lado el odio y las tentaciones, no darle lugar a los sentimientos oscuros y egoístas, serán formas de acercarnos aún más a Nuestro Señor. Mantenernos en comunión con nuestros hermanos, ayudándolos a descubrir sus mejores versiones como cristianos y siendo solidarios nos permitirá llegar a vínculos más profundos. Lo podremos alcanzar si confiamos en la labor incesante de Nuestro Padre Celestial. En el calor de su abrazo encontraremos la paz que buscamos cuando nos encontremos sin rumbo. Por desviarnos del sendero de Cristo podemos cometer atrocidades que no tendrán consuelo ni indultos. Saber cuándo debemos deternos y orar para buscar alternativas, para buscar las respuestas correctas y salvar a tiempo a nuestros corazones, será algo muy valorado por el Señor.