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“Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes.”

Filipenses 4:9

Aprendiendo y educando


Resulta fundamental en nuestros tiempos que prediquemos con el ejemplo, ya que las generaciones más pequeñas estarán permanentemente observando nuestro accionar. Para ellos somos modelos a seguir, y el día de mañana se convertirán en adultos formados por nuestro consejo. Cuando nuestras bases de educación están fundadas en el amor al Padre Celestial, cuando somos justos y sinceros, y también, en los momentos difíciles en los que mantengamos la templanza, les estaremos transmitiendo a nuestros niños sabias lecciones.

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Por otra parte, si somos mezquinos y soberbios, egoístas con nuestro prójimo y sólo le damos importancia a nuestro propio camino, se verá reflejada en ellos una actitud avara y desconfiada, que será difícil de corregir en la adultez.


Hay que tener en cuenta que los pequeños persiguen los ejemplos que mostramos: desde simples decisiones hasta formas de relacionarse con los demás. Si Dios está en nuestro cotidiano, en nuestras plegarias diarias y en nuestros espíritus, ellos también lo adaptarán y obrarán en su gloria eterna. Serán solidarios con sus hermanos y recolectarán buenos momentos para su camino si permanecen en el sendero de Dios. Estarán propensos a encontrar la calma rápidamente y a no juzgar al prójimo cuando se equivoque, porque sus corazones estarán entregados a la voluntad del Señor.