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“Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer.”

Deuteronomio 5:33

Cuando no podemos resistir


Existen un sentimiento muy fuerte ligado al hecho de no haber logrado algo, solemos identificarlo como un fracaso, pero en realidad tiene que ver más con la angustia. Esa tristeza que nos provoca haber “fallado”, o no haber conseguido un objetivo puede alejarnos de la fe. Podemos volvernos seres solitarios y ofuscados, y preguntarnos constantemente qué hemos hecho mal en el proceso para no haber alcanzado nuestra meta. Está relacionado con nuestras expectativas, si ellas son muy altas o inalcanzables, de seguro estaremos frustrados al finalizar el camino.

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No debe darnos vergüenza reconocer que no pudimos terminar algún proyecto o cumplido algún sueño. Quizás ese no era el momento adecuado para que tuviéramos nuestro aprendizaje, o debíamos ponerle atención a otras cosas que habíamos descuidado. Dios nos dará consuelo y fortaleza para que podamos resistir ese mal trago. Aquello que no salió del modo en que queríamos no debe definirnos, sino que tiene que darnos confianza para volver a tratar de nuevo. La palabra de Nuestro Padre Celestial nos guiará en la oscuridad de nuestros pensamientos negativos, de esos que aparecen cuando nos hayamos defraudado a nosotros mismos. Los aciertos y las fallas nos ayudarán a crecer y a madurar como cristianos fieles.