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“Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

Santiago 1:5

Encomendar nuestro propósito


El conocimiento personal es un proceso que lleva tiempo y que muchas veces resulta arduo. En ocasiones, no comprendemos las totalidad de lo que necesitamos hacer para cambiar nuestra posición en el Mundo que nos rodea, o simplemente estamos atravesando un momento que no nos permite ver más allá de nuestras propias frustraciones. Nuestro conocimiento iría aumentando en la medida que nuestra soberbia se haga a un lado, creer que todo lo sabemos es un error común en el aprendizaje y en nuestro desarrollo. Cuando somos jóvenes podemos creer que nos llevamos a todo y a todos por delante, que somos invencibles y nada ni nadie puede frenarnos, pero una vez adultos podemos caer en la cuenta de que eso realmente no sucede.

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Entregar nuestro destino a Dios cuando estemos perdidos o en pena. Rendirnos a su sabiduría para que nos enseñe quienes somos y quienes podremos ser, para que nos muestre qué podemos hacer y usar eso para un propósito más grande que nosotros mismos. Creer que somos el centro y no parte de una comunión entre hermanos nos aísla de lo que verdaderamente debemos hacer como devotos. La madurez llegará en el momento correcto para que podamos entender mejor qué debemos hacer para ayudarnos y ayudar a los demás.