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“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza.”

Efesios 4:4

Escuchar la voz del Señor


Dios puede hablarnos de muchas maneras cuando no nos rehusamos a oirlo. Su voz puede tomar forma en un consejo, de una lección o simplemente de palabras de aliento cuando nos queremos dar por vencidos. Tener una escucha atenta sólo dependerá de nosotros, de nuestro compromiso como cristianos. Destinar siempre unos minutos de nuestro día para conversar con Dios Padre será aquello que nos libere de nuestras cargas y nos brinde tranquilidad.

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Estamos acostumbrados a pasar por alto los mensajes de Nuestro Señor, de no contemplar las alertas cuando Él las envía y de silenciar aquellos pensamientos que quizás nos indican que algo no está bien en nuestros caminos. Cuando eso sucede nos estamos desconectando del verdadero espíritu, de aquello que nos hará tener vidas más plenas. Por desconfianza o falta de interés, dejamos para después eso que nos advierte que algún cambio debe suceder en nuestro sendero como hijos devotos. Nuestros días tienen ritmos que muchas veces aplacan las ganas de contemplar en silencio, o sentarnos en nuestra Iglesia a reflexionar. Debemos elevar nuestro propio espíritu y hacer lugar para Dios y aún más, para su llamado. Podemos estar seguros de que Él siempre estará allí para conversar con nosotros.