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“Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa.”

2 Juan 1:8

Las distracciones


Reaccionamos de diferentes maneras cuando estamos desviando la atención: nos llenamos de actividades, nos reunimos con muchas personas y asumimos una infinidad de compromisos sólo para no enfrentarnos a lo que debidamente tenemos que hacer. Cuando estamos en sintonía con nuestro verdadero reto ante Dios todo se verá positivamente modificado. Si depositamos nuestra confianza en Él, en que nos ayudará atravesar cualquier situación que nos aterre vivir, estaremos más tranquilos.

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Es muy común que comencemos a poner excusas cuando dudamos de algo o no sabemos qué decisión tenemos que tomar. Los pretextos y la holgazanería pueden desviarnos de nuestro fin y así, alejar de algún modo a nuestra propia felicidad. Cuando nos sentimos cansados o sin tiempo, es importante que siempre volvamos a Dios. Que reflexionemos con Nuestro Padre sobre las distintas posibilidades, sobre los probables escenarios futuros. Hundirnos en un diálogo profundo con Nuestro Creador nos dará claridad sobre los asuntos y seguramente tomemos mejores decisiones respecto a ellos. Cuando pensemos que todo es confuso, debemos abrir aún más nuestros corazones al Señor. El hecho de aislarnos o mantenernos intranquilos y ofuscados no servirá a los fines de Dios, ya que siempre será mejor contar con su sabio consejo y escuchar también a nuestros hermanos.