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“Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Dios; y que el Señor haga lo que le parezca bien.”

2 Samuel 10:12

Evitar castigarnos


Muchas veces cuando cometemos errores solemos ser demasiado severos con nosotros mismos. Recorremos el camino una y otra vez pensando en qué punto fallamos y podemos obsesionarnos con el mismo tema. Esa actitud no nos permitirá evolucionar y disculparnos por haber errado, porque somos humanos y estamos en permanente aprendizaje. De nada sirve castigarnos por algo que no fue o que no salió como nosotros esperábamos, sino que lo importante es tomar el valor que esa enseñanza nos dejó y seguir adelante.

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Concentrarnos en mejorar nuestras fallas en vez de reclamarnos o pensar en nuestros errores en forma continua, nos hará tener mayor tranquilidad para seguir intentando cosas nuevas. Por supuesto Dios estará allí observando todo, y nos dará clemencia para con nosotros mismos. Para que evitemos ser demasiado rígidos en nuestra forma de ver lo sucedido y que podamos pensar planes para conseguir lo que no se dió en primera instancia. Cerca del Señor y en conversación profunda con Él, podremos compartir nuestros miedos y ansiedades y confiar en que nos ayudará a resolverlos. Como Nuestro Padre Celestial, Él velará por nuestra felicidad y regocijo, y no nos permitirá entrar en terrenos de oscuridad o decepción. De su mano podremos volver a ponernos de pie y caminar de nuevo.