Febrero el mes del Perdón

Perdonar es olvidar la afrenta, precisamente por amor. Tengamos presente que El Señor nos Ama infinitamente y por lo tanto tendremos en Él siempre otra oportunidad. Conoce los versículos que te ayudarán en este nuevo mes que comienza.

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“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Mateo 18:21-22

Cuando sufrimos una ofensa o, lo que podemos considerar una traición, los pensamientos se nos nublan y pasamos por todo tipo de sensaciones. La primera reacción natural quizás sea el enojo.

La ira es un sentimiento de los más negativos que podamos experimentar. La ira enceguece, no permite que podamos analizar contextos y situaciones y, lo que es peor, nos aleja del propósito que El Señor ha trazado con nuestro nombre. Los estados de furia pueden conducir a algunos a tener reacciones violentas o buscar venganza. Otros se sumen en la depresión y el estancamiento y poco a poco van perdiendo las esperanzas. Perdonar a quien nos ha defraudado, sin importar cuán grande o pequeña haya sido su ofensa, es un proceso que, muchas veces, pude resultar prolongado y difícil.

Las Sagradas Escrituras, sin embargo, son muy precisas en cuanto a la importancia que tiene ser compasivos y humildes a la hora de perdonar a nuestros hermanos.

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“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. Efesios 4:32

Cuando conservamos ira y dolor contra alguien careciendo de falta de Perdón en nuestro corazón, lo que en realidad está sucediendo es que nos vamos alejando paulatinamente del Gozo, la Paz, el Equilibrio y la salud. Si hemos cerrado nuestra percepción y nos resulta imposible perdonar, recordemos a Cristo en la Cruz. Tengamos en cuenta Su ejemplo de entrega, Perfecta Misericordia y perdón Divino.

En el momento donde llegamos a comprender, profundamente, cuanto nos Ama El Señor y como nos ha perdonado, es que estaremos dispuestos y con la capacidad suficiente para perdonar nosotros a los que nos han agredido. Podremos comprobar de inmediato como se aliviana nuestra carga porque cuando soltamos el enojo y el rencor, el buen semblante vuelve a nuestros rostros, nos sacamos la angustia del pecho y nos llenamos de gozo al reconocernos en la Gracia del Señor.

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“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”. Marcos 11:25

El estado de confusión e inquietud que nos genera una ofensa también puede ser un obstáculo al momento de Orar. Por lo general, esto sucede porque los sentimientos angustiantes o de enojo que provocan las afrentas son como una cárcel de la cual no podemos escapar. Vuelven a nuestra mente una y otra vez, aun en los momentos en que deseamos hablar con nuestros Padre Celestial.

La falta de Perdón, entonces, va construyendo un murallón entre nosotros y El Señor. Comenzamos a tener la impresión que estamos distantes de Dios. Pidámosle al Altísimo que interceda para que podamos dejar de lado todo lo que nos aleja de Su Gracia y de la Bendición de Su Paz.


“De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”. Colonenses 3:13

Nunca perdamos de vista que nosotros también tendremos que ser perdonados por alguien en alguna ocasión.

El acto de Perdonar no significa estar de acuerdo con lo que se nos hizo, pero es elegir no guardar resentimiento en nuestro corazón y vivir acorde a las enseñanzas del Eterno .

Imitemos al Señor en este nuevo mes. Sumemos su misericordia a nuestra vida. Dios siempre nos dará una nueva oportunidad.




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