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Recuperando la Unión Familiar

Aprende a compartir junto a tus seres queridos los momentos más imporntates de tu vida.

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“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” Deuteronomio 6:6-7

Organiza lecturas de la Santa Biblia en las que participen todos los miembros de la familia: Crear el ambiente propicio es algo fundamental, por eso puedes comenzar con una oración de agradecimiento.

Otra buena opción es seguir un plan de acción: Leer el pasaje, conversar acerca de lo leído y luego ponerlo en acción.


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“Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.” 1 Corintios 1:10

Trabaja arduamente en la comunicación: Si la comunicación fluye habrá lugar para la armonía. 

Procura interesarte por cada miembro de la familia haciéndoles preguntas diarias acerca de cómo estuvo su día y cómo se siente. Eso te permitirá generar empatía que se traducirá en una mejor comprensión de los problemas del prójimo, problemas que tú también podrás ayudar a resolver.


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“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aún cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes.” Isaías 49:15-16

Comprométete con la oración: Haz una sesión de oración familiar de las que todos participen, en las que los diferentes miembros podrán pedir por quienes lo necesiten y también deberán incluir agradecimientos.

De esa manera podrás ver cómo comenzará a reinar un clima de recogimiento y paz que rápidamente todos querrán mantener.


“Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos, con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra.” Salmos 103:17-18

Incita al resto a que dediquen un tiempo del día a dejar de lado sus dispositivos móviles y concentrarse en la realidad de la familia. Podrás valerte de los anteriores consejos haciendo esa petición.

 Es importante en este y en todos los casos, que tú tomes la iniciativa y de esa manera prediques con el ejemplo.

“Si alguien afirma: Yo amo a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.” 1 Juan 4:20

No existe el tiempo de calidad. Este consejo aplica no sólo a los padres sino a los hijos también.

No existe el llamado “tiempo de calidad”, que dicta que media hora de juegos en plena concentración con los hijos puede suplir cinco horas de compañía. El tiempo que realmente importa es el que tú le dedicas a tu familia, ¿qué estás esperando? 





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