No desesperes: La ira nubla tus pensamientos

A veces perdemos el rumbo y nos estancamos en pensamientos que no nos llevan a nada. Aprende en el siguiente artículo a sincerarte y encomendar tu camino.

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“Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.” Proverbios 16:32

Pide paciencia al Señor. No debemos olvidar ni siquiera por un instante el poder de sanación que reside en la oración, por eso es que debemos incluir en ellas que el Señor nos bendiga con una especial dosis de paciencia. Nuestro escudo en esta batalla que significa no caer en la tentación de entregar nuestra paz espiritual -que tanto trabajo nos representa conseguirla- a la naturaleza destructiva de la ira.

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“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo.” Efesios 4:26-27

No devuelvas la ofensa. Encomendando nuestro espíritu en las oraciones no será suficiente a la hora de encontrarnos frente a una situación en la que alguien nos ofende. Por eso es importante tener en mente no responder a la misma con otra agresión.Es sabido que, de esa manera, la problemática podría escalar por la ladera de la ira. Recordemos que no es una tarea fácil, pero por suerte contamos con la ayuda y el amor de Dios para ayudarnos a superar tales momentos.

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“El lento para la ira tiene gran prudencia, pero el que es irascible ensalza la necedad.” Proverbios 14:29

Ora antes de reaccionar. Por más difícil que nos pueda parecer la premisa, es sumamente importante incluir una pequeña oración en el momento que nuestro primer impulso sea responder con otra ofensa.

De la misma manera que hay gente que aconseja contar hasta diez, nosotros como hijos de Dios debemos orar, convocando de esa manera la protección divina que nos permitirá salir airosos en esos momentos

Tengamos en cuenta que así no sólo estaremos evitando caer en la tentación de agredir, sino que también estaremos orando para que aquellos quienes nos ofenden no cometan el error de volver a hacerlo a otras personas en un futuro.



“La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira.” Proverbios 15:1

Trata de comprender a quien te ofende. Luego de orar por quienes nos agreden, trata de comprenderlo; sólo de esa manera podrás entender qué fue lo que lo llevó a cometer el acto.

No olvidemos que comprendiendo al prójimo es la manera en la que realmente podremos ayudarle, pidiendo a Dios que lo bendiga con los efectos reparadores de su amor, dotándolo así de la fortaleza necesaria para no volver a caer en la tentación de ofender.


“Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa.” Proverbios 21:9

Ama a quien te ofende. Aunque en primera instancia resulte un concepto difícil de comprender y, aún más, casi imposible de lograr, debemos comprender algo muy valioso: transitar por una situación en la que alguien nos ofende.


Nos hace crecer a nosotros mismos como personas cuando respondemos en la forma que Dios lo hace: no con odio sino con amor, no con puño cerrado sino con mano extendida.


“Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo.” Salmos 37:8

Transforma la ira en amor. De la misma manera que Dios ha transformado tu vida en todos los aspectos que puedas imaginar, nosotros también debemos hacer lo mismo con los sentimientos negativos que intenten aflorar en nuestro interior.


 Debemos hacer justicia a ese amor perfecto que caracteriza a Dios, llevándolo orgullosamente en nuestro interior y contagiando de él a quien se encuentre al alcance de nuestras plegarias. Conviértete en portavoz del Señor transformando la ira en amor.




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