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Buscando el Reparo Universal

No vivimos sin respirar, no vivimos sin alimento o amor. Descubre en el siguiente artículo el modo de pensar tus necesidades básicas para poder sentirte en felicidad plena.

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"Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, pero no para Dios; de hecho, para Dios todo es posible." Marcos 10:27

No nos falta el tiempo para mirar el cielo. No nos falta la oportunidad. No nos falta el deseo de hacerlo, y ni siquiera dudamos del placer que obtendremos al hacerlo. Solo carecemos de la fuerza para decidir hacer algo único para acercarnos al Espíritu Santo.

Esta acción tan simple puede traernos bienestar espiritual, y quizás sintamos que éste no tiene cabida en un mundo tan material. Nos falta la decisión de dedicar tiempo para cultivar y profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo.

Hacer una pausa para volver a enfocar nuestra Fe, re encausando nuestra vida espiritual, corrigiendo el rumbo de luz que nos plantea el Señor.

Son esos minutos, de los que nos privamos a diario, los que nos ayudarían a tener paz y tranquilidad interior.

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"Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!" Salmo 139:13-14

Todos los procesos internos que nos conducen al crecimiento junto a Dios necesitan tiempo, paciencia, dedicación y mucho amor.

Para esto, debemos quitar la mirada de los actos cotidianos para poner como prioridad al Salvador. Este ser superior que nos permite mirar el suelo para mirar el cielo: si logramos hacer este pequeño cambio de perspectiva, nos ocasionará una nueva posición en el transcurrir de cada día.

En oración, con un nuevo sentido de la existencia bajo la Gloria del Señor, nos permitirá percibir un nuevo horizonte. Nuestros problemas se empequeñecen cuando nos unimos al Espíritu Santo. No temas al transcurrir de los hechos, somos parte de algo mayor, tenemos brillo propio, pertenecemos al rebaño de Dios.

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"Entonces Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, los bendijo. Luego los partió y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y de los pedazos que sobraron se recogieron doce canastas." Lucas 9:16-17

Es difícil llegar a percibir el punto justo del equilibrio. Debemos intentar pensar en aquel lugar o momento en el que nos sentiríamos a gusto, como un elemento valioso e indispensable para que el Señor se traslade a nuestro corazón.

Podrá resultar algo complicado pero no imposible, pero es un equilibrio único que nos permite estar con salud, disfrutando de la vida.

No tenemos que caer en la tentación de creer que somos demasiado importantes, pero tampoco muy poca cosa. Cuidar de nosotros como seres valiosos y únicos, cuidar y respetar nuestro cuerpo y tener respeto por el entorno que nos rodea.

Alimentar la Fe de un modo sano, conectarnos con la naturaleza, orar, leer la Biblia y hacer el bien son las mejores recetas para no perder el rumbo correcto.


"Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará." Mateo 21:21

Podríamos hacer un recuento de las experiencias amargas que nos han sucedido en la vida. Pero es mucho mejor dejarlas atrás. Muchas veces nos resulta complejo, y creemos haber olvidado situaciones que aún están muy presentes en nuestra vida.

Cuando al comenzar un proyecto, o conocer personas nuevas, amigos, colegas, quizás alguien para caminar junto a nosotros en la vida; suena una alarma interna en nuestros sentimientos, es porque sin saberlo estamos atados al pasado.

A aquellos momentos que nos han hecho sufrir, y tememos repetir. Proponer un cambio de foco y visión en el presente para poder alinear nuestro futuro en la senda de Jesús. Darle  más importancia a las experiencias felices, que a las amargas. Verás como cambia para bien, tu forma de encarar la vida y de proyectar una construcción más sana de la Fe.




Versículo diario:


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