Consejos para que Adorar a Dios no se Convierta en Monotonía

El adorar a Cristo no significa solemnidad ni recogimiento, sino felicidad, alegría y celebración. Recuerda que Dios celebra la inventiva y el espíritu rejuvenecido.

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“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.” 2 Corintios 1:3-4

Haz tus oraciones menos rígidas. Todos sabemos acerca del poder de la oración, pero lo que pocos tienen en cuenta es que es nuestro canal de comunicación con el Santísimo: un canal de uso exclusivo, mediante el cual podemos abrir nuestro corazón a Él. Es por eso que el momento de la oración no necesariamente tiene que llenarse con palabras difíciles que ya no usamos, sino que pueden experimentar teniendo una conversación real, de corazón, de hijo a Padre.

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“Canten a Dios, canten salmos a su nombre; aclamen a quien cabalga por las estepas, y regocíjense en su presencia. ¡Su nombre es el Señor! Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.” Salmos 68:4-5

Convierte tu tiempo en el templo en algo distinto. Las salidas al templo, ya sean individuales o en familia, no necesariamente tienen que ser un tiempo de penitencia ni de solemnidad. Si bien hay momentos donde debemos arrepentirnos de los pecados cometidos, tu tiempo en el templo debe ser una celebración. Celebremos entonces que Dios nos ama, que ha resucitado y que nos ha elegido como Sus hijos.

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“Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!” Habacuc 3:17-18

Todo lugar y momento puede ser tiempo para Cristo. Recordemos que el compromiso que tomamos de honrar a Cristo es un trabajo de tiempo completo. Esto quiere decir que por más ocupados que nos encontremos en nuestras tareas personales, en todo momento estamos honrando a Dios: sea ceder el asiento a una anciana en el autobús o preparar la cena para nuestros hijos.


“Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y Tú estás por encima de todo.” Crónicas 29:11

Adorarlo sin que lo notemos. Este concepto se desprende del anterior, y es más que nada el fin de ese ejercicio. Es importante tener en cuenta que no estamos realizando un trabajo, con todas las connotaciones negativas que pueda tener aquel, sino que la meta es que honremos a Cristo en todo momento y en todo lugar, llevando a cabo nuestras vidas regidos por el camino que Dios nos enseña, el que pretende que sigamos.




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