Develando el misterio de la Fe

¿Cuál crees que es la diferencia entre misterio y secreto? ¿En dónde las revelaciones de Dios y sus enseñanzas nos marcan dicha diferencia? La voluntad rebelada por Jesucristo, son los  planes que debemos seguir como todos los hermanos de la Fe. Ante la aparición de ciertos problemas o la necesidad de tomar decisiones o de requerir ayuda, oramos solicitando la intervención Divina. De este modo estaremos reconociendo su grandeza y su amabilidad, manifestando nuestra Fe hacia el Espíritu Santo y guiando nuestros corazones por el camino adecuado. No necesariamente siempre debemos solicitarle ayuda a Nuestro Padre Celestial, pero probablemente no nos  sentiremos perdidos o errando en el futuro destino si contamos con su iluminación. “Señor, mi salvador, ¡ven pronto en mi ayuda!” Salmos 38:22

No sólo debemos obrar de bien para aquellos que más lo necesiten o porque resulte un deseo o voluntad de Jesus nuestro Señor. Más bien son este tipo de pequeñas acciones las que nos permiten vislumbrar Su voz. Sentir en ese preciso instante que al emprender una acción que beneficie a otro, será misericordia y amor lo que sintamos como satisfacción interior, proveniente del mismo Cielo. “Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre.” Salmos 100:4

Sin esperar ningún tipo de recompensa, cuando leemos “vida eterna”, creemos que ese será nuestro consuelo en las puertas del Cielo. En realidad no se trata únicamente de eso. El concepto engloba mucho más. Además de una vida no terrenal y sin un final determinado, se trata de un desarrollo de vida repleto de disfrute y aprendizaje constante. De eso se trata también la “vida eterna”: de sentirse tan pleno, disfrutando de las aventuras diarias que nos permiten descubrirnos, experimentando el plan de Dios en cada oportunidad que se nos presente. De este modo nos sentiremos con mucho amor y energía para seguir a diario superando obstáculos y ayudando a superar a otros sus dificultades, aprovechando cada oportunidad que el Señor nos ofrece a nuestro paso.

Mantenernos estáticos o anclados en un mar de dudas e indeficiones hace que nos encerremos en un laberinto mental y de inacción. ¿Qué sucede cuando tenemos un problema de estas características e intentamos aplicar la misma solución? Una y otra vez llegaremos al mismo resultado. Sin poder encontrar dicha acción a diario, sin intentar socializar con otras personas a las que les ocurrió algo similar, buscando alternativas nuevas de solución a nuestros problemas, nos hace creer que no somos capaces de auto superarnos. Que nuestras mentes e ideas se paralicen, nos hace sentir obsoletos y sin valor. Este es el momento exacto donde la Fe debe atravesar nuestra situación, abonar nuestra mente, acercar y penetrar nuestro corazón de iluminación, dejando algo claro. Dios estará siempre de nuestro lado y es el primero en querer generar esperanza y darle dinamismo a nuestra cotidianeidad. Es el primer y único interesado en buscar la verdad constante de nuestro ser. Pero si nosotros no depositamos la Fe en el Espíritu Santo, su ayuda será en vano. Nosotros no estaremos ni viendo ni oyendo su ofrecimiento. Debemos romper c on ese desorden mental y abocarnos a la acción, por medio de la Fe y la oración. “Porque el SEÑOR ama la justicia, y no abandona a sus santos; ellos son preservados para siempre, pero la descendencia de los impíos será exterminada. “Salmos 37:28