Identificando las oportunidades: descúbrelas durante tu camino

Las experiencias en la vida nos dan oportunidades de conocernos. Explora en este artículo las maneras que podemos encontrar para crecer y ampliar nuestro espíritu.

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“Estén en alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil” Mateo 26:41
Fingir ser alguien que no somos es un trabajo agotador, es por eso que nos sentimos cansados después de una primera cita, de una entrevista de trabajo, o de pasar tiempo en lugares donde sentimos que tenemos que proyectar una buena imagen. Por eso es que nos atrae la transparencia, y ésa es la razón por la que anhelamos ir donde podemos simplemente ser nosotros mismos.

Con Dios nunca tenemos que aparentar ser alguien que no somos, pues el quebrantamiento genuino le agrada a Él más que la supuesta espiritualidad. Para llegar a ser la persona que estamos llamados a ser, tenemos que comenzar siendo sinceros en cuanto a la persona que realmente somos.

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“sino que así como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el evangelio, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones.” Tesalonicenses 2:4
Pongamos entonces el siguiente ejemplo:
Una madre con tres niños en edad preescolar escucha hablar de amar a Dios con tal intensidad, que termina decidiendo levantarse muy temprano cada mañana para pasar una hora en oración y lectura de la Palabra.
A ella le encantaría tener una hora de quietud con el Señor a cualquier hora del día, pero las responsabilidades con sus hijos simplemente se lo impiden. Lo que ella saca como conclusión, es que debería estar haciendo lo mismo en cualquier momento, por lo que hace una “comparación de espiritualidad” y termina viviendo bajo una nube de culpabilidad.
No se da cuenta de que el amor que expresa a sus hijos puede “contar” como una actividad espiritual, o que quizás esté sirviendo a Dios más fielmente que el pastor que puede estar descuidando a su familia para poder tener una hora de tranquilidad.

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“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!” 2 Corintios 5:20
Cada uno de nosotros tiene un “yo” que pensamos que debemos ser, el cual contradice al yo para el cual Dios nos creó. A veces, dejar ir a ese “yo” es un alivio. Otras veces, se sentirá como la muerte.
Al otro lado de la muerte está la libertad, y nadie es más libre que una persona que ha muerto y ahora está en el cielo por la eternidad. El Señor Jesús tenía mucho que decir en cuanto a morir a uno mismo, y en lo que es necesario que hagamos para convertirnos en la persona que Él quiere que seamos, lo que implica, inclusive, la muerte. Pero esa clase de muerte es siempre la muerte al yo interior, al falso yo, para que un yo mejor y más noble pueda despertar a la vida.


“Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Mateo 28:19
Ser formado espiritualmente por Dios es el proceso mediante el cual su yo y su carácter internos se forman. Esta es la manera como ocurre un cambio duradero. No es un proceso accionado por la voluntad humana.
Es una actividad divina a la que nosotros podemos unirnos. Igualmente, podemos orar y organizar nuestras vidas con sabiduría en torno a los dones que Dios nos da para recibir así poder del Padre y tener una vida plena. Florecemos cuando nuestro espíritu está enraizado en el Espíritu de Dios y formado por Él —y el Señor quiere hacerlo de un modo que se ajuste de manera particular a cada uno de sus hijos.




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