Despojándote de la Maldad

En algunos momentos nos encontramos en un laberinto de negatividad que nos lleva a tomar malas decisiones. Ingresa en el siguiente artículo para depurar tu alma.

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Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría. Salmo 30:5

El diablo, enemigo de nuestras almas, detesta ver en nosotros la imagen de Cristo reflejada y más aún: Detesta saber que somos hijos de Dios, por lo que utilizara cualquier artimaña para que creamos que no somos merecedores de ser llamados hijos de Dios y, de esta manera, debilitarnos para derribarnos y si puede, destruirnos.

Por eso es común saber, escuchar y leer de personas que pierden su identidad, que creen que no son merecedoras de ser hijos o hijas de Dios.

La Biblia dice que somos hijos de Dios si recibimos a Cristo, y aunque al diablo no le guste, Dios nos ha hecho sus hijos.

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“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” Juan1:12

La Biblia dice claramente que todos nosotros somos hijos de Dios, aún los que se encuentran alejados de su camino, aún aquellos que están más desesperados, aquellos que parecen no tener remedio alguno para los males que les afligen.

Somos hijos de Dios, por lo tanto tenemos que comenzar a vivir como tales, no podemos dejarnos manipular por lo que el enemigo quiera introducir en nuestra mente.

Comencemos a vivir como hijos de Dios, comencemos a confiar en nuestro Padre, porque Él tiene cuidado de sus hijos. Nunca creamos que no merecemos ser sus hijos, porque no lo somos por un mérito propio o porque realizamos alguna obra para ganarnos ese título, sino porque Él nos ama.

Cuando el enemigo nos quiera hacer creer que no somos hijos de Dios, no le creamos, vayamos delante de nuestro Padre y recibamos su amor y entonces entenderá que es no se puede engañar al hijo de Dios.

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“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” Gálatas 3:26, también la Biblia dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” Romanos 8:16

Y si el enemigo insiste en recordarnos nuestro pasado, recordémosle su futuro, pues es un enemigo vencido, pues Dios ya lo venció y le dio su sentencia.

Somos hijos de Dios, ese privilegio hermoso que nos hace tener un Padre Amoroso y cuidadoso de sus hijos. Nunca pensemos que no le interesamos a Dios, porque para Él somos amados, pues nos amó con amor eterno desde el principio y su amor hacia nuestra vida nunca cambia.

Comencemos a vivir conforme a nuestra identidad de hijo o hija de Dios y entonces comenzaremos a disfrutar de los beneficios de nuestro Padre.

Porque es como cuando una madre abraza a su hijo a pesar de toda la suciedad que éste lleva encima. No es que el amor la haya hecho ciega y no vea la mugre, sino que a pesar de esa mugre no puede evitar amarle.


“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:9-10.

Lo mismo hace Dios con nosotros, nos acepta a pesar de ser pecadores, pero luego nos limpia de pecado, nos da una nueva naturaleza de santidad, pone dentro de nosotros al Espíritu Santo, nos rodea de ángeles para que nos cuiden y nos nombra coherederos con Cristo de todas sus inmensas riquezas. Éste es el Dios de la Biblia, el que nos ama para santificarnos, en lugar de santificarnos para amarnos.





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