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El Esfuerzo Siempre te Ayudará a Superarte

Tu camino se encontrará repleto de momentos en los que tendrás que superarte, tomar decisiones y aprender de lo que se presente. 

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"El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles." Apocalipsis 3:5

Siempre nos encontramos dividiendo nuestras vidas en términos de absolutos y relativos. Desde el bien y el mal, pasando por la tristeza y la alegría, podemos describirnos en una dualidad infinita de cualidades que conforman nuestra percepción de la realidad. Por oposición también podremos determinar nuestro estado actual de sensaciones, comparándonos con otros. ¿Serviría entonces poner en estos términos nuestra relación con la Fe?

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"Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria! Bendito el que viene en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos." Salmo 118:25-26

Al sentirnos amados por Jesús, no deberíamos jamás tener que buscar refugio en estos absolutismos comparativos, ya que como hijo de Dios,

Él realizó su misión Divina en la tierra como en los cielos, para que cada uno de nosotros pueda gozar de libertad plena en los corazones.

Para que las opresiones sean desterradas de nuestro cuerpo, así como las angustias e incertidumbres de nuestras almas. Bendecidos estamos y agradecidos debemos estarle al Dios Padre de poder contar el relato que respalda nuestras historias de vida.

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"Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa." Juan 15:11 

Debemos recordar la promesa que Jesús hizo al pregonar su amor, ya que esto nos alentará a no sucumbir siquiera con momentos de nuestros tiempos pasados.

Ni a compararnos con otras personas a las que conocemos y deseamos imitar. Sólo debemos proseguir en la creación de nuestro camino, construyendo nuestro destino de Fe y esperando que se vea reflejada la Gracia Divina de nuestro Padre Celestial en cada acción que emprendamos.

Sin necesidad de inmiscuirnos ni entrar en la vida personal de las personas, podemos descubrir mediante un simple ejercicio si se sienten escuchados por Dios. Con solo realizar una simple pregunta entenderemos si del otro lado, la persona realmente entrega su vida a la Fe.


“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid su nombre” - Salmo 100:4

“¿Cuándo fue la última vez que oraste?” Con esta simple pregunta debemos ver las reacciones que producen las facciones de sus rostros y por sobre todas las cosas escuchar la respuesta que nos brindan. Podremos determinar con claridad si la persona posee un estrecho vínculo con Dios Padre o si jamás en su vida sintió la bendición del Espíritu Santo.

Pueden negase a responder. Pueden mentirnos y generar una respuesta ambigua para poder salir del paso, pero en su interior esta pregunta quedará resonando y es allí cuando el objetivo del ejercicio cumple una nueva función: interpelar a nuestro corazón y movilizar un encuentro real con Dios.


“Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible y con dificultad oyen con sus oídos; y sus ojos han cerrado, no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane." - Mateo 13:15

La relación que cada uno posea con nuestro Padre Celestial es única y especial. Aumentar nuestra dedicación a cultivar nuestro vínculo es algo esencial para poder sentirnos cerca de Él y permitirnos gozar de toda su iluminación y guía espiritual. No permitamos que nos roben las sonrisas ni la esperanza de poder seguir adelante esta vida que elegimos como hermanos Cristianos.

Debemos repeler comentarios negativos y a aquellas personas tóxicas que los emiten, cuestionando nuestras acciones y desprestigiando nuestra relación con Jesús.

No debemos ser insensibles con esas personas, debemos explicarles y mostrarle con hechos concretos porque la Fe nos moviliza de maneras extraordinarias, pero si estas personas son necias o simplemente buscan difamarnos les mostraremos nuestro lado más amable. Al igual que lo haría nuestro Padre Celestial con cada uno de sus hijos e hijas en su reino.





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