El manual de funcionamiento

Nuestro cuerpo, como  todo sistema, está compuesto de diversas partes que poseen funciones específicas y que a su vez, sirven de resultado para otros procesos. Se accionan algunas dando como consecuencia un producto, que a su vez, su combinación e interacción, genera otro efecto que sirve para alimentar a las miles de células con las que se conforma la estructura. Todo de una forma ordenada y armoniosa, conformando un funcionamiento equilibrado y cumpliendo funciones de un todo más general, ordenado por nuestro cerebro. Ahora bien, cuando nos enfermamos podemos resignificar dicha situación. ¿Qué nos sucede cuando deja de funcionar alguno de esos procesos o sistemas?

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Recordaremos seguramente esos momentos cuando nos enfermábamos de pequeños. Nuestros padres estaban ahí para darnos el cuidado necesario. Nos alimentaban y arropaban para curar una fiebre. Nos compraban nuestros comics favoritos o nos traían un libro nuevo para leer cuando estábamos en cama. Nos preparaban la comida más nutritiva y por sobre todas las cosas, nos daban todo su amor. Nos permitían dormir en su cama y nos daban una cuota extra de cuidado y atención, ya que en ese momento era lo que necesitábamos.

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Podemos atribuirle el hecho de enfermarnos a un problema particular, como por ejemplo poseer en algún momento bajas defensas, stress, relegar nuestra alimentación o simples descuidos al momento de cuidarnos del mal clima. Solemos desarrollar distintas etapas de dolor en el cuerpo cuando nos enfermamos. También sucede esto mismo con nuestras emociones. Muchas manifestaciones emocionales se ven reflejadas en infecciones, malestares estomacales, alergias, úlceras y un sinfín de dolencias producto del malfuncionamiento. ¿Qué sucede en esos momentos difíciles en donde no cuentas con nadie?

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No sólo que eres una persona adulta, sino que además llevas adelante una vida totalmente desconectada de afectos, amigos y familia. La sensación de encontrarse en un desierto es marginal y agobiante. Te encargaste de apartar a tus amigos y a tu familia de tu vida, ya que considerabas que ellos no eran parte importante para tu desarrollo. Ahora te encuentras sin nadie en quién confiar,  ni de quien recibir ayuda. En estemos precisos momentos es cuando te replanteas tu situación ante la Fe ¿no es cierto? ¿Quién piensas que aún está a tu lado sin importar que le hayas dado la espalda o siquiera le hayas hablado? “La iglesia de Cristo es como el cuerpo humano. Está compuesto de distintas partes, pero es un solo cuerpo”. 1 Corintios 12:12

Jesús siempre estuvo contigo y sabe que en realidad tu falta de conexión con el Espíritu Santo tenía un fin y un objetivo. Son en estos momentos difíciles en donde Dios nos permite darnos cuenta que en la vida el amor de la familia es una cura que sana heridas. Los inconvenientes que acontecen nos vuelven más permeables y abiertos hacia las desdichas de las demás personas. Siempre recordando que nuestro Padre estará de nuestro lado, pero además él nos guía en la Fe para que nuestros círculos más cercanos siempre están cerca para ayudarnos. Es un efecto contagio el del Espíritu Santo que atrae amigos, familiares y seres queridos al cuidado y en la búsqueda de nuestra recuperación. No debemos desterrar nunca a quienes se preocupan por nosotros y debemos estarles siempre agradecidos por su voluntad.

La realidad es que a quién más deberías acudir es a Jesús, ya que será siempre tu amigo fiel. Por medio de la oración, es a quien debes ir a buscar, para ser guiado por su luz, su calma y su fuerza. Es ese espacio en el que podrás desahogar todo tu dolor, tus molestias y amarguras. “Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.” Éxodo 15:26