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Expresando las Ideas Claramente

¿Qué hace a un orador tan especial? ¿Es tal vez el magnetismo de su personalidad o el contenido de sus palabras? ¿O tal vez ambas a la vez? Navega el siguiente artículo y sorpréndete ahora.

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“Y cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Sólo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.” Marcos 13:11

Cuestionaba la autoridad. Jesús no tenía reparo alguno en disentir con algún concepto u opinión, pero siempre con respeto. Ni doctores o letrados o sacerdotes, todos eran hijos de Dios ante Sus ojos. Él bien conocía a Su Padre, ya que era Él quien transmitía Su mensaje divino.

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“No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.” Efesios 5:11-12

Era elocuente y daba sólidas respuestas. El mensaje siempre fue claro: Amor. Las palabras de Su Padre estaban grabadas en su sangre, el mensaje en su corazón. Todo aquello le daba la posibilidad de dar respuestas sólidas y argumentos convincentes, conjuntamente con una voz suave y decidida.

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“Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.” Colosenses 4:5-6

Era un gran orador, un líder nato. Cuando releemos el pasaje de la Santa Biblia donde dice que buscando a Jesús entre la multitud lo hallaron discutiendo con los doctores de la ley, nos comenzamos a hacer la idea del magnetismo de su personalidad a la hora de ser escuchado con atención y a la vez transmitir un mensaje de amor de manera clara y con profundos resultados.


“Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.” Hechos 2:3-4

Ganaba adeptos con cada charla que daba. Como resultado de lo anterior, podemos observar cómo ganaba adeptos que confiaban ciegamente en Él y en su mensaje, con un correspondiente crecimiento de Fe. El número de seguidores que fue adquiriendo en Su camino fue tan grande, que obviamente esto comenzó a incomodar a las autoridades, por lo que fue perseguido y muerto.




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