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En la Búsqueda de Nuestra Felicidad

¿Cuántas veces nos detenemos a meditar las consecuencias de nuestras acciones en el día a día? Reflexiona con estas palabras que te enviamos.

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En muchos aspectos de lo cotidiano, pareciera que en el otro no vemos a un hermano o una hermana. No sentimos necesario cuestionar si ese gesto, o la frase con la que finalizamos una conversación, puede herir a esa persona que está frente a nosotros. Nunca debemos olvidar que “…el éxito radica en la acción sabia y bien ejecutada” Eclesiastés 10:8-10

Transitar por nuestras vidas sólo pensando en nuestras necesidades como personas nos convertirán en seres individualistas y poco empáticos con nuestro entorno. Para poder conectarnos profundamente con el amor que radica en nuestro corazón debemos poder abrirnos de un modo único, como lo hizo Jesús para con todos sus hijos e hijas.

Si por lo menos intentamos leer La Palabra, buscamos respuestas en la oración y en las acciones guiadas por el Espíritu Santo, tendremos una garantía de Fe de por vida, sabiendo que en el templo de los cielos, nuestro Padre nos estará guiando y bendiciendo con su sabiduría.

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“¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y, si ha pecado, su pecado se le perdonará." Santiago 5:14-15 

Vivamos nuestra vida como un desafío cotidiano. El desafío constante que vale la pena aceptarlo. No importa lo que suceda. No te desmayes ni te desalientes. Retoma tus fuerzas y por sobre todo, recoge los cimientos de tu esperanza, la única con la que debemos de encomendarnos a Jesús. Como él hizo con nosotros.

Si logramos aprender a vivir con estas enseñanzas que arriban a nuestro camino, entonces conectaremos de un modo único y especial con nuestro corazón. El Espíritu Santo cubrirá con su manto de esperanza cada paso que demos en el camino del Padre Celestial. No tendremos dudas, y siempre estaremos convencidos de cada decisión a tomar.

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“Se multiplicaron los dolores de aquellos que sirven diligentes á otro dios: No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi parte y de mi copa; Tú sustentarás mi suerte.” Salmos 16:4-5

Hay una razón que explica la sensación de vacío en la vida: Dios creó al hombre con un anhelo que solo Él puede satisfacer. La persona no puede sentirse satisfecha hasta experimentar el amor transformador e incondicional del Señor, ya que Dios desea que nos sintamos completos; lo cual sólo se logra por medio de una relación con Él.

Pedimos sanación, guía espiritual, una señal que nos indique si estamos por el camino correcto.

Si la decisión que vamos a tomar es la que nos guíe hacia la luz. La única respuesta radica en la entrega al Señor. Ese es el único y verdadero destino. Él nos guiará en las decisiones porque “Dios no permite que un desafío llegue a tu vida a menos que tenga un propósito divino detrás de ello”.


“Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré á Jehová que me aconseja: Aun en las noches me enseñan mis riñones.” Salmos 16:6-7

No obstante, una persona creyente puede sentirse vacía. A veces es el resultado de la desobediencia; un ligero desvío en nuestro caminar con el Señor puede convertirse después en un estilo de vida. También es posible que un creyente viva conforme a la Palabra de Dios, pero no haya rendido totalmente sus deseos a Dios.

Por ejemplo, muchos hijos e hijas de Dios tratan de llenar su vacío con riquezas, éxitos o relaciones, pero cuando a esos deseos se les da mayor prioridad que al Señor, se convierten en una forma de idolatría. Solamente cuando buscamos a Dios por encima de todo lo demás, podemos vivir en plenitud.

Oremos entonces pidiendo que Él nos dé su dirección para escuchar nuestro corazón. Es nuestro deber confesarle cualquier pecado o idolatría, y pedirle que llene nuestra vida como solo Él puede hacerlo.





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