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Identificando Nuestras Virtudes y Fortalezas

Poder identificar los límites y los alcances de nuestra personalidad nos ayudará a superar ampliamente cualquier escenario en la vida.

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“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. Romanos 12:2

Siempre que escuchamos hablar de las “personas tóxicas” que pueden estar cerca de nuestro entorno nos comenzamos a preguntar entonces a qué se referirá dicha clasificación y si conocemos a alguien que pueda estar necesitando ayuda para sanar.

En reiteradas oportunidades vamos a poder conocer gente y descubrir diversas personalidades que podrán caernos mejor o simplemente no compatibilizar. Conocemos bien el tipo de personas a las que podemos agradar o encajar. Pero también diferenciamos en nuestra mente y con claridad a aquellas que queremos apartar o naturalmente no cruzarnos por nuestro camino. 

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“Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.” Marcos 11:25

Como seres humanos, una característica básica es la de socializar y además la de poder agradar en nuestro entorno. Por este motivo es que dicho intercambio genera un potencial estado de bienestar y aceptación, logrando generar una “calma” interna.

Entendemos entonces que como buenos cristianos tenemos que poder aceptar tanto a aquellas personas que nos caen en gracia, como a aquellas que no se ajustan con nuestra personalidad.

En las diferencias de personas encontramos la variedad y diversidad de mensajes que Dios tiene para nosotros. No podemos juzgar de “tóxica” a este ser humano que vocifera abiertamente cosas negativas sobre alguien o simplemente se dedica a hablarnos mal o manipula con su retórica.

Es claro que tenemos una tarea muy precisa al momento de escuchar a esa persona y que identificamos su comportamiento: debemos perdonarla y mostrarle el camino hacia el Señor. 

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“Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.” Juan 15:16

No resulta sencillo identificar la personalidad de una persona. Podemos intentar conocer a alguien por años y jamás terminaríamos de escarbar en su interior para identificarlo al 100%.

Tampoco podemos estar evaluando a cada persona que conocemos inicialmente porque jamás podremos interiorizarnos ya que al aproximarnos por primera vez a un ser, sólo estaremos viendo nociones superficiales de su personalidad.

Ante todo podremos priorizar y entender que aquellas personas que cargan innecesariamente en su interior y en su corazón con problemas, hábitos y actitudes negativas, probablemente sean las que más se agoten y necesiten transformarse. Podremos ver que buscan desahogarse con nosotros pero que en el fondo lo que están requiriendo es ayuda de nuestro Padre Celestial. 


“Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.” 2 Corintios 9:8

Desde el rincón más recóndito de su alma, estas personas que expresan sin tapujos sus ideas o su prejuicio hacia otros, deben poder comprender que el Espíritu Santo no está pudiendo sanar sus heridas.

Deben experimentar y permitir que la palabra divina de nuestro Padre les otorgue el poder para erradicar su amargura, para poder romper con su visión pesimista, destrabar su rol de víctimas y por sobre todo conferirles conciencia de Fe.

Dicha conciencia les abrirá el camino hacia el Espíritu Santo y a la sanación de sus corazones. Nos están pidiendo a gritos que los ayudemos y como hermanos de la Fe no podemos estigmatizarlos y apartarlos de nuestro camino. Es lo que Dios quiere que hagamos para ayudarlos.

Es un claro mensaje y la señal de que tenemos que poder guiarlos en el camino divino. 





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