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El Amor como Base fundamental para la Vida

Si apostamos y entregamos nuestro corazón hacia el amor notaremos su fuerza de cambio extraordinaria.

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“Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios.” 1 Corintios 11:11-12

Permanecer en el amor. Continuar con las conductas propias del noviazgo durante la vida de casados es un gran consejo. Un matrimonio de éxito no ocurre por arte de magia, sino que debe desarrollarse. No hay que dar por sentado el amor: hay que expresarlo y ponerlo en práctica constantemente.

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“Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas. En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias. Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida.” Proverbios 31:10-12

Lo que Dios ha unido… No olvidemos que Dios mismo los unió en matrimonio y el plan de Él es que permanezcan juntos y felices. Él traerá felicidad y amor a sus vidas si obedecemos sus reglas divinas y mandamientos. Para Dios todo es posible, Él puede fácilmente proveer el amor del uno por el otro si se lo permitimos.

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“Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud.” Malaquías 2:15

Dios como centro de todo. Esta es la gran regla que en realidad cubre todas las demás. Pongamos a Cristo en primer lugar. El verdadero secreto de la felicidad en el hogar no es diplomacia, estrategia o esfuerzos incansables por vencer problemas, sino más bien la unión con Cristo. Los corazones llenos del amor de Dios nunca pueden estar muy separados el uno del otro. Con Cristo en el hogar, el matrimonio tendrá éxito.


“Y Jesús les dijo: Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio, pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio;” Lucas 20:34-35

Cada cónyuge tiene el derecho concedido por Dios a tener algunas cosas privadas de las cuales no necesita dar explicación. No se entrometan en los asuntos de su pareja, en la correspondencia privada ni en otras cosas personales, a menos que él o ella se lo permita. El derecho a la privacidad y al silencio cuando alguien está preocupado debe ser respetado.




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