La superación del orador

Es la hora de volver a casa al finalizar la jornada y los medios de transporte se encuentran colapsados. Las miradas que habitan buses y trenes sólo reflejan intolerancia. Todos se encuentran apurados e impacientes por regresar a sus respectivos hogares. Imaginemos que en el medio de dicha situación, nos topamos con un escenario inesperado. Un grupo de pasajeros comienza a pelearse e insultarse por un lugar disponible para sentarse. ¿Qué harías en ese momento? ¿Intervenir? ¿Cómo actuarías en el caso que te suceda dicha situación? ¿Alguna vez te preguntaste cuál es tu reacción ante situaciones donde se expone nuestra paciencia a niveles de tolerancia elevados? “Guarda silencio ante el Señor y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados.“ Salmos 37:7

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Ansiedad y deseo combinados en la personalidad de las personas dan como resultado una ecuación muy peligrosa. En ocasiones podremos toparnos con personas que posean la capacidad de soportar situaciones sin alterarse y nos parece algo sorprendente. “¿Cómo hacen para estar tan calmos?” En la mayoría de los casos, la paciencia pareciera no aflorar en momentos de extrema urgencia o de un predominante y excesivo fanatismo. Las demoras y ciertos momentos de terquedad nos ponen a prueba. Si lamentablemente es nuestra naturaleza irritarnos o exasperarnos debemos comenzar a enfocarnos. El Señor nos muestra que por detrás de dicha actitud se puede priorizar un espíritu más pacífico y contemplativo. Debemos entrenarnos y entender que se puede abordar y resolver dicho conflicto de un modo más paciente, ya que la paciencia es producto del Espíritu Santo. “El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.” Proverbios 14:29

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No debemos entonces pensar que el plan de Nuestro Señor no se está cumpliendo si no se lleva a cabo como lo esperamos o simplemente no sucede algo que venimos anhelando o por lo que venimos trabajando. Si la expectativa se retrasa demasiado, debemos esperar, ser pacientes, ya que en realidad ese es el trasfondo de la cuestión, ese es nuestro aprendizaje. “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad.” Gálatas 5:22

En la vida diaria, podremos poner en práctica algunos ejercicios y actos para lograr moderar nuestra impaciencia. En el preciso instante donde nos percatamos y detectamos nuestra actitud por fuera de lugar, podremos ponernos a orar o repetir algún versículo que nos traiga Paz e iluminación. Se recomienda muchas veces también cambiar ciertos hábitos cotidianos que pueden mal predisponernos  ante un hecho de poca tolerancia. Desde cambiar el tipo de música que oímos, hasta cambiar el tipo y métodos de alimentación, pasando por el tipo de cultura que consumimos (programas de Televisión, libros, radio, etc).

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Lo más importante radicar en poder cuestionarnos durante estas secuencias, ya que nuestras vidas se encuentran repletas de episodios donde se nos pondrá a prueba. Claramente guiados por Jesús, saldremos airosos y repletos de Paz. Pero esto sucederá únicamente si tenemos confianza de nosotros al encomendarnos a Jesús. Al estar orando y dialogando con nuestro Padre, debemos a diario encontrar su mirada y su Bendición, removiendo nuestra mirada de las circunstancias y fijándola realmente donde corresponde: en la Fe en el Señor, elevándonos por encima de la dificultad. “El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime.” Proverbios 29:11