Los 6 relatos que te ayudarán a crecer en tu vida espiritual

Muchas veces es necesario poder visualizar ejemplos concretos para comprender el poder de la Fe. Analizamos algunas de las parábolas que Jesús nos presentó para poder revelar la verdad del Espíritu Santo.

La parábola del buen samaritano

“Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia” Lucas 10:32-33 

Qué enseñanza más bella nos transmite Dios con esta parábola, donde el amor al prójimo desborda en cada oración.

Andando el camino del Señor y leyendo sus palabras, no queda duda acerca de quién es el prójimo: el prójimo es el otro. Sin importar raza, credo o alguna otra calificación, debemos recordar el amor que Dios nos tiene y devolverlo al prójimo de la misma manera.

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La parábola de la oveja perdida

“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso” Lucas 15:4-5

Creo que no hay parábola que grafique de manera más clara lo importante que somos para Dios.


También queda claro que no se trata de “nosotros” como conjunto, sino individualmente, lo que hace su amor y dedicación aún más perfectos, y que a la vez articula con la idea de que Él tiene un plan para cada uno de nosotros.


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La parábola del sembrador

“Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.” Mateo 13:4-5 

Esta parábola nos habla acerca de, para ser gráficos, el terreno en el que trabajemos. Cada terreno tiene diferentes propiedades para diversos fines, sólo hay que conocerlos para reconocer sus propiedades.

De esta manera, nosotros somos terreno para que el Señor cultive en nosotros, y es nuestro deber hacer que ese terreno sea fértil mediante la oración.


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La parábola de los talentos

“Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” Mateo 25:16-18 

Esta parábola nos habla de la importancia de saber y conocer qué hacemos nosotros con aquello que nos fue dado.



Nos dice que en nuestro deber cultivar en terreno fértil aquellas virtudes que poseemos para luego cosechar con creces y de esa manera mejorar como personas en el camino del Señor.


La parábola del hijo pródigo

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.” Lucas 15:20-21


Esta parábola nos enseña que el amor de un padre por sus hijos es incondicional: más allá de cómo éstos se comporten, siempre habrá lugar para ellos en el corazón de un padre.


De la misma manera Dios se comporta con todos nosotros. No importa la ofensa mientras el arrepentimiento sea verdadero.


La parábola del grano de mostaza

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” Romanos 1:17 
Esta parábola es una de las más conocidas y es particularmente bella porque el tema central de la misma se centra en la Fe. Cuenta que el reino de los cielos es como un grano de mostaza, planta que sólo despliega su máximo esplendor una vez que florece, pero que sin embargo hay que continuar regándolo permanentemente.


De la misma manera debemos continuar cultivando nuestra fe, sabiendo que en el juicio final veremos el reino de los cielos en su máximo esplendor.




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