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Levántate y Siéntete 100% Feliz

Es el momento de saltar y encomendarnos por un camino de nuevo descubrimiento. Explora en el siguiente artículo el modo de lograrlo ahora mismo.

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"Cuando me vi abrumado por la angustia, tú me brindaste consuelo y alegría. Salmos 94:19 

¿Cuál es nuestra reacción cuando notamos que no hemos actuado de forma correcta?

¿Qué actitud debemos adoptar cuando queremos enmendar dicho error y no sabemos por dónde empezar?

Todos hemos fallado alguna vez. Es parte del equilibrio lógico de la existencia; algo que deberemos experimentar y superar a lo largo de nuestras vidas.

Cuando transitamos este tipo de instancias, nos sentimos confundidos, avergonzados y nuestro primer impulso es intentar subsanar el daño que hemos cometido, corriendo el riesgo de tomar decisiones apresuradas que no hacen más que empeorar las cosas.

Nuestra ansiedad hace que obviemos una gran verdad: elegimos solucionar aquello que nos aqueja de manera rápida y efectiva, generando en nuestro interior la falsa expectativa de que podremos lograrlo siendo autosuficientes, perdiendo de vista la certeza de que no podremos reparar nuestra faltas sin la ayuda del Señor.

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 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9

Una actitud fundamental que debemos adoptar una vez que detectamos que hemos fallado, es no restarle importancia a la falta cometida.

Esto no significa que debamos entrar en un laberinto tortuoso en donde la culpa nos paralice y no nos permita ver un horizonte de armonía y reparación.

Precisamente, El Señor nos insta a superarnos continuamente en Su Gloria, reconociendo, reflexionando, perdonando, escuchando y sanando.

Cuanto más nos acercamos al Señor, no solo alejamos los sentimientos negativos si no que nos perfilamos de mejor manera para solucionar los conflictos que hayamos podido generar.

Junto a Él, no existe lugar para avergonzarnos de nuestras acciones. Existe el arrepentimiento sincero, la humildad de corazón y la valentía para afrontar nuestras fallas.

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“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. 2 Corintios 12:9

¿Qué consecuencias puede traer no reconocer nuestros errores?

Cuando nos negamos a examinar nuestras debilidades, cuando hacemos de cuenta que “nada ha sucedido” y dejamos que el tiempo pase (creyendo, equivocadamente, que el paso del tiempo borrará nuestras faltas), nos exponemos a sentimientos negativos que nos alejan del propósito que el Señor ha planeado para nuestras vidas.

Al no aceptar nuestras fallas, cuando alguien de nuestro entorno las distingue, tenemos tendencia a sentirnos enojados y comenzamos a justificarnos, acomodando los argumentos en nuestro beneficio.

Este tipo de reacciones nos conducen al aislamiento y la soledad. Aparece la prepotencia, la soberbia y la intolerancia.

Por eso debemos comprender que exponer profundamente nuestros conflictos ante El Señor y reconocer que solos, no podemos, es una excelente oportunidad para que Él pueda ayudarnos, no solo a seguir caminando bajo Su Perfecta Guía, sino para mejorar nuestras conductas, modificar nuestros impulsos y vivir la aceptación como una chance para honrar Su Gloria.


“El que adquiere cordura ama su alma; el que guarda la prudencia hallará el bien”. Proverbios 19:8

Buscar la Sabiduría y el Entendimiento a través de la Fe y La Palabra del Señor es de gran utilidad para dar ese primer paso que nos hará comprender la importancia de resguardarnos de la angustia que nos provoca la falta que hemos cometido y, a su vez, cuidar a nuestros hermanos.

Cuando aflora nuestro Don de Humildad podemos sanar las heridas que hemos infringido a otros y, también, las que hemos tenido que tolerar.


 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28

Estemos siempre dispuestos a perdonar y ser perdonados.

La solución a aquello que nos tiene a mal traer esta a una Palabra de distancia y esa Palabra es Cristo.

Cubramos con Amor las heridas producidas y recibidas. Vivamos en la Paz que nos enseña Dios, alejando los sentimientos de revancha y rencor.





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