Que la paz del Señor esté contigo, ¿Qué queremos decir? 4 aspectos para que tu deseo no quede en palabras

“El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz.” Números 6:24-26

Desear la paz al prójimo significa muchas cosas al mismo tiempo. Es cumplir el mandato primero de Dios Padre cuando nos dijo que nos amemos los unos a los otros como Él lo hizo, con entrega absoluta sin siquiera reparar en el pasado, en las ofensas o en los pecados en los que haya incurrido nuestro hermano o hermana. Desear la paz es también demostrar que siempre Cristo nos da una segunda oportunidad.

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“En efecto, el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.”   Pedro 3:10-11

Cada vez que deseamos la paz a nuestros hermanos y hermanas debemos hacerlo desde el corazón, puesto que es allí desde donde nacen todas aquellas cosas que son verdaderas. De esa manera expresamos nuestro más profundo deseo de que esa paz sea hallada por todos, poniéndole palabras a lo que nuestro corazón intenta transmitir.

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“De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.” Colosenses 3:13

Desear la paz es también la manera con la que contamos para decirle al prójimo: Aquí estoy, tienes en mí un hermano en el cual tú puedes confiar. Todos tus problemas ya no serán sólo tuyos, yo te ayudaré con esa carga; pero también encontrarás en mí un oído que te escuchará y una boca que te aconsejará de manera sincera pensando en tu bienestar, desde el amor que dos hermanos se tienen.

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“En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.” Santiago 3:17

Cuando deseamos la paz a nuestros hermanos y hermanas, también estamos tejiendo una red de buenos sentimientos, con el amor como partícipe principal; como motor primario de nuestra vida, a la vez que conformamos un escudo de protección inmune a lo negativo, un escudo que repele todo aquello que atente contra nuestra paz. Desear la paz en cualquier momento y cualquier lugar es tarea que debemos llevar a cabo desde la pureza de nuestro corazón.