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Sincerando tu Corazón

Qué profundidad logramos tener al conectarnos con nuestro ser interior y nuestra espiritualidad. En el siguiente artículo exploraremos diversos niveles de conexión con el Señor.

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“ »¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan! Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.” Mateo 7: 9-12

Cada vez que nos dirigimos en nuestra aflicción al Padre del Cielo, Él nos escucha atento para acompañarnos, protegernos y darnos lo que será bueno para nosotros.

La oración es la comunicación más importante con Dios, es a través de ella que elevamos nuestros ojos al cielo y nos disponemos a escuchar su voz. Nada es más importante ni debe requerir nuestro tiempo que elevar nuestros ojos al Señor. Disponer de un momento cada día para que en soledad, mirar a lo profundo y pedir a Dios su ayuda y resguardo.

Porque claramente nos dice, pidan y se les dará, llamen y se les abrirá. Pero nuestro Padre jamás se inmiscuye en nuestras vidas sin ser llamado. Nos escucha siempre, aún cuando la Fe se haga débil y la noche oscura, Él está allí para guiarnos y tranquilizarnos. Espera nuestra palabra, que siempre será respondida.

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“Más vale ser paciente que valiente; más vale el dominio propio que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32 

Así como nosotros escuchamos a nuestros hijos, y atendemos sus necesidades, nuestro Padre está siempre dispuesto a ver por nosotros y cuidar de sus hijos. Hablemos al Señor nuestro Padre, expresemos nuestras dificultades, nuestros dolores y nuestras alegrías. Ël nos escuchará y nos responderá. De manera clara y fuerte, se hará presente en nuestras vida, porque es nuestro Padre, y nos ama sobre todas las cosas.

Cada uno de nosotros sabe qué desafíos necesita enfrentar realmente, y a cuales batallas desea exponerse. Pero a a la hora de ser mejores personas y dar testimonio del Reino de Dios, es mucho más difícil y valioso superar los propios problemas, dificultades y problemas de carácter, que salir al mundo a guerrear en batallas a veces sin sentido.

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"»Ahora, cumplan con cuidado las condiciones de este pacto para que prosperen en todo lo que hagan." Deuteronomio 29:9

El desafío más grande se presenta en relación a nuestro carácter y nuestras debilidades. La impaciencia, la intolerancia, la falta de empatía con el otro o un ego agigantado. Son varias las características personales que nos alejan de la misión encomendada por nuestro Padre.

Generalmente rehuimos esta tarea y nos justificamos pensando que hay tareas más urgentes en el mundo cotidiano, en el andar diario, que necesitan de nosotros. Y elegimos reformar el mundo, en lugar de modificarse a nosotros mismos. Sin entender que el mundo lo hacemos cada uno de los que lo habitamos. Y que son nuestras pequeñas acciones para con nuestros hermanos las que realizan la verdadera revolución hacia la paz.


"Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?" Lucas 9:23-25

Nos advierte nuestro Señor con sus palabras que no hay caminos sencillos que lleven a ser mejores, a superar nuestras dificultades y a vivir acorde a la Palabra de Dios. Esta experiencia de vida requiere compromiso y esfuerzo, y a cada paso se nos exigirán decisiones difíciles, en las que deberemos renunciar a nuestra comodidad y a los placeres fáciles.

El camino de la verdad está lleno de dificultades, pero conduce a la vida. El camino fácil siempre, tarde o temprano, conduce a la destrucción. Por eso debemos estar alertas y tener claro hacia donde dirigimos nuestra vida, y cómo haremos para llegar a destino. Andar junto a nuestros hermanos, y pedir siempre la protección de Dios para el camino.





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