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El Corazón: El Reflejo de Nuestra Personalidad

Como espejo de nuestras acciones y decisiones se encontrará todo lo que atesore nuestro corazón. Por eso es que el Sagrado Corazón de Jesús nos invita a celebrar la humildad, la entrega, la mística y el amor total que tuvo con su devoción.  Aprende de su entrega en el siguiente artículo.

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"Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma." Mateo 11:29

Cuando tomamos la maravillosa decisión de seguir al Señor, comprendemos que el camino no será fácil y que deberemos lidiar con experiencias difíciles y traumáticas que pueden generar en nosotros uno de los sentimientos más nocivos que podamos experimentar: el miedo.

Ante este tipo de instancias, estamos expuestos a paralizarnos emocionalmente y es allí cuando comenzamos a no encontrar respuestas, a no saber qué dirección tomar, a preguntarnos donde esta Dios. Por eso es muy importante controlar nuestra ansiedad y despreocuparnos por los detalles de lo que podría pasarnos en el futuro ya que nuestro Padre Celestial está constantemente a nuestro lado diciéndonos a través de Su Palabra: “No temas, yo estoy contigo”.

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“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa”. Isaías 41:10

Son muchos y variados los factores que nos pueden conducir al miedo. Nuestras lógicas preocupaciones por el porvenir, nuestra situación laboral, la salud de nuestros seres queridos, la búsqueda del sustento diario, el temor a fallar.

Cuando este tipo de instancias agobiantes se instalan en el corazón, la intranquilidad que se manifiesta en nuestros actos nos lleva a experimentar la errónea sensación que nuestra dependencia puede se encuentra en una fuente humana. Cuando estos pensamientos nublan el camino que transitamos de la mano del Señor, vemos como nos cuesta depositar toda nuestra absoluta confianza en El Altísimo.

Por eso es fundamental corrernos de inmediato del enfoque que le estamos dando a la realidad y comprender que nuestro Padre Celestial está atento, dispuesto y presente en cada uno de nuestros actos.

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“Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta”. Salmos 23:4

Cuando transitamos tiempos de pruebas en donde debemos afrontar oscuridad y sombras, el temor puede llegar a confundirnos hasta tal punto, que no podemos vislumbrar con claridad el futuro y nuestra esperanza comienza a debilitarse.

Ante este tipo de situaciones, es preciso reconocer que tenemos miedo, dejando de lado nuestro ego y sentido de autosuficiencia.

¿Cuál es el momento en el cual distinguimos que tenemos miedo?

Cuando podemos reconocer que debemos superarlo. Al aceptar nuestras debilidades adquirimos la fuerza necesaria para comprender que existe algo superior en lo que podemos confiar plenamente: Dios. Muchas veces buscamos desesperadamente solucionar nuestros problemas en los lugares equivocados, alejándonos de La Palabra del Señor. Por eso es de suma importancia dar el primer paso y admitir nuestro temor. El segundo paso, es el más maravilloso ya que allí nos espera Cristo con sus brazos abiertos, brindándonos Su infinito Amor.


“Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará”. Deuteronomio 31:6 

Debemos entender que nuestro carácter se fortalece y nutre del Señor. Si nos sentimos agobiados, tristes y abatidos, es imprescindible buscar a nuestro Padre Celestial: Él es el descanso, es Él quien nos levanta.

Por eso, cuando Confiamos de corazón en Dios, podemos dejar de preocuparnos al extremo para dejarlo en Sus manos. No dejemos, entonces, de sonreír, aún si el momento que estamos atravesando sea doloroso, busquemos a Jesús siempre y no dejemos de creer en lo que Él es capaz de realizar.

Podemos mirar al futuro con tranquilidad, sabiendo que cuando nos reconocemos bajo Su Perfecta Guía, estamos seguros.


“Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores”. Salmos 34:4

Entreguemos, con humildad, nuestras cargas y problemas al Señor. En Él podremos superar nuestros temores y recuperar nuestra tan ansiada Paz.

Cuando alejamos el miedo de nuestros corazones nos sentimos Libres y Equilibrados, otra vez. Fortalecidos en Cristo, contamos con la templanza necesaria para hacerle frente a todos los obstáculos que, cada jornada, el mundo nos presenta. 

Expulsemos ese temor que nos anula. El Señor nos protege y hace que nuestra vida se desarrolle más segura y armoniosa en Él.





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