¿Cómo manejarnos ante situaciones adversas?

En el maravilloso camino que emprendemos junto al Señor, debemos estar preparados para disfrutar momentos de dicha pero también instancias difíciles que generaran en lo más profundo de nuestro ser angustia, ansiedad e incertidumbre.

Es preciso mantener la calma para poder tener una mirada más global de nuestra realidad y reconocer que los trances más desfavorables los superamos junto a Dios.

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 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Isaías 41:10 


Son muchas y muy variadas las formas en las que nos ayuda El Señor. Una de las más relevantes es a través de las Sagradas Escrituras. Cuando leemos las mismas, concientizados de que es La Palabra del Eterno la que nos habla, podemos encontrar Sabias enseñanzas que nos ayudaran a enfrentar los grandes problemas de la vida: la pobreza, la enfermedad o el deceso de alguien a quien amamos.

Allí comprendemos que nuestro Señor es Todopoderoso y nos contiene permitiéndonos pensar con más claridad y lucidez, a la vez que aleja los sentimientos abrumadores que nos invaden en las instancias cruciales que debemos acometer. Dios nos asegura, sin hacer distinciones entre personas, Su Infinito Amor y Perfecta Misericordia.

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 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Juan 14:27

La Paz y serenidad que con la cual El Señor nos Bendice no es un método de escape a los problemas y dificultades, sino la entereza y valentía para afrontarlas Sabiamente y en calma. Esa Paz puede llegar a conmover nuestro Espíritu en tiempos de desorden y turbulencia, llenando los espacios abiertos que necesitan ser contenidos en nuestro ser. La Paz de Cristo es Sanación y Perdón y cuando llega a nosotros, es la que logra que hagamos lo que entendemos que corresponde a nuestro llamado.

Por eso es muy importante controlar las emociones y enfocarnos de manera distinta ante el dolor, sustentados en nuestras convicciones ya que cuando cedemos por completo ante la angustia, limitamos nuestra capacidad de razonar y comprender cómo somos en realidad.

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  “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. Efesios 6:13

Nuestro Padre Celestial nos brinda todo lo que necesitamos para Resistir y, finalmente, Vencer en los momentos de adversidad. Su Palabra nos enseña a utilizar esas herramientas para obtener esa Victoria que restablecerá la calma en nuestras existencias. Por eso es fundamental fortalecernos en El Señor, buscándolo en la Oración, leyendo las Sagradas Escrituras y escuchando Su Voz.

No perdamos la iniciativa y la determinación porque No nos enfrentamos a los temporales solo con nuestras fuerzas, sino que usamos las herramientas que EL Altísimo nos brinda para liberarnos del dolor.


 “Y El Señor va delante de ti; Él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. Deuteronomio 31:8

Tengamos siempre presente que, en cada batalla que debemos librar, Dios marcha delante nuestro luchando por y junto a nosotros.

Él nunca abandona y jamás nos dejará solos cualquiera sean las circunstancias.

Él es nuestra Fortaleza en todo momento y podemos Confiar en que estará resguardando nuestro corazón ante la desdicha y la adversidad.


Estas experiencias forman parte del equilibrio natural de la vida y nadie está exento de transitar situaciones problemáticas que deberemos afrontar sustentados en nuestra Fe en Cristo Redentor.

También es absolutamente normal que ante los imprevistos, no sepamos muy bien qué dirección tomar, ni qué actitud adoptar. 

El desconcierto que nos invade puede llevarnos a estados de tristeza y depresión. Es allí cuando surge una pregunta que probablemente todos nos hemos hecho alguna vez: ¿Dónde estás mi Señor, ahora que te necesito tanto? Esta exclamación nace de la necesidad de terminar con lo que nos está quitando el sueño y nos quita la Paz de Espíritu. 




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