¿Cómo reconocemos la voz de Dios en nuestras vidas?

A veces tenemos la impresion de no tener tiempo para afrontar las exigencias que el mundo nos impone. Debemos comprender que nuestro tiempo con Dios es una bendición que nos ayudara a cumplir nuestras metas más importantes.

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 “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”. Colosenses 3:17

Probablemente una de las cosas más difíciles para muchos de los miembros del Pueblo de Dios, es mantener sostenidamente, en el tiempo, un dialogo fluido y constante con El Señor. Son muy variadas las razones que pueden interponerse en nuestro camino para que nuestra intimidad con El Altísimo se vea afectada.

Vivimos en una sociedad que nos exige constantemente pidiéndonos soluciones rápidas y efectivas. Este ritmo vertiginoso que nos impone el mundo de hoy, puede provocar en nosotros sentimientos nocivos como ansiedad, depresión, estrés y desgano. Cuando estas sensaciones se apoderan de nuestro corazón intentamos aplacar la angustia buscando en los lugares equivocados, postergando cada vez más nuestro encuentro con Dios, dejándolo para otra ocasión porque nos sentimos “cansados” o “sin ánimo”.

Por eso es importante generar un momento a solas con El Señor, aunque en principio y según el momento que estemos atravesando, pueda suponernos un gran esfuerzo, porque en ese maravilloso intercambio con El Eterno, podremos encontrar la contención y la fuerza que nos falta para superar los obstáculos que se nos presentan a diario.

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 “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban”. Marcos 1 35-36

Busquemos un momento del día (el que nos parezca más propicio) y escuchemos lo que El Señor tiene para decirnos. Aguardemos Su voz en el silencio, desde la calma, desde la Oración, desde la reflexión sincera y profunda.

Aprendamos a dedicarnos esos minutos de Paz tan necesarios para hablar con Dios comprendiendo que son instantes son únicos e irrepetibles. Sin embargo debemos tener siempre presente que habrá ocasiones en donde tendremos que afrontar cosas o temas que preferiríamos evitar, porque hablar con Dios es un acto transformador que nos revela en qué lugar del camino nos encontramos, que nos invita a recapacitar sobre nuestras acciones y faltas.

Es fundamental concientizarnos que cuando escuchamos al Eterno, es hacerlo en Sus términos y no en los nuestros. De esta manera Su Perfecta Misericordia restablece la Paz y Armonia en nuestras existencias.

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"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Filipenses 4:6

¿Cuándo fue la última vez que hablamos con El Señor de manera humilde y autentica?

¿Cuántas horas dedicamos a escuchar puntos de vista u opiniones en los medios de comunicación que no hacen más que distraernos del maravilloso mensaje de Dios? No pasemos por alto la intervención de nuestro Padre Celestial y Su Eterna Gracia en nuestras vidas.

Somos Sabios cuando reconocemos al Altísimo como la Guía necesaria que necesitamos para transformarnos en Su Gloria.

“Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”. Mateo 6:6

Cuando pasamos tiempo a solas con Dios, se liberan nuestras mentes de todas las distracciones y podemos, realmente, Concentrarnos en Él y escuchar Su Perfecta Palabra.

El Señor nos llama a una intimidad para disfrutar permaneciendo en Él y, de esa manera conocerlo en toda Su dimensión.




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