Controlando el miedo

Desde una mala experiencia de la infancia, pasando por una fobia, la muerte o simplemente lo novedoso, el miedo nos lleva muchas veces a lugares impensados de nuestro ser. Nos paraliza y toma por completo nuestras funcionas vitales, cognitivas y motoras. No nos deja ver con claridad. Se presenta como una nube que ocupa todo nuestro ser. En muchas ocasiones, no nos permite tomar decisiones que vemos frente a nuestras narices. En ciertas oportunidades tampoco nos permite soltar o dejar vivir la vida de otras personas que nos rodean y que muchas veces afectamos con nuestro accionar teñido de recelo. ¿Sentís miedo en este momento? “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.” Isaías 41:10

Lo primero que debemos hacer ante un sentimiento como este es poder reconocernos ante Dios. Darnos cuenta de que si llegamos al punto de librar el control de nuestras emociones y de nuestros actos  al dominio del miedo, debemos detenernos inmediatamente. Tenemos que retomar la energía transformadora de la Fe y volcarla a nuestro corazón. Si nunca antes habíamos sentido esa necesidad o simplemente nunca habíamos orado, es el preciso momento para comenzar nuestra peregrinación hacia el Señor. En la oración no sólo nos conectamos con el Señor Celestial. Es el espacio donde podemos mirarnos y hacer visibles nuestras necesidades interiores. Reconectarnos con la esencia de nuestro espíritu y elevarlo junto con el Señor. “Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.” Mateo 6:7

Probablemente tendremos que convivir y entender que no se podrá erradicar esa sensación temerosa en nuestro interior. Imperceptiblemente, desde un comienzo, es parte de nuestro ser, pero debemos atender el aquí y el ahora. Es el primer paso ante la reconciliación con la sanación que nos ofrece Jesús desde la Cruz. Simplemente el miedo se trata de una alucinación transitoria. Jesús nos dará la fuerza suficiente para poder sobrellevar esta pausa emocional y encaminar el tiempo perdido, retomando el curso natural de la Fe. Seguramente, a esta altura te preguntarás ¿Cómo hago para derretir las estacas que me mantienen inmóvil ante este sufrimiento? La respuesta radica en creer en la grandeza de la creación de Dios. Depositar todo nuestro esfuerzo en la oración diaria pidiendo iluminación y guía espiritual para salir de las sombras perpetradas por el miedo, que a su vez genera desconfianza en mis pares. Que eso mismo se verá reflejado en mis actos egoístas y poco considerados con el resto. Que se profundiza en el corazón al no percibir que en definitiva si no nos abrimos a la obra milagrosa  de Dios, reinaremos por siempre con ese sentimiento de frialdad y de temor ante lo que nos rodea.

Comienza hoy mismo este proceso de sanación. Rompe con esa rutina que te tiene atrapado en ese pantano aterrador. Dejate llevar y sorprender por la Fe, ya que cuando la deposites en Nuestro Salvador, vas a recobrar el deseo de experimentar nuevamente lo que Dios quiere hacer con nosotros por medio de su plan divino. Es una puerta que se abre y que brilla de luz y amor. Una vez que tomemos envión, no podremos detener nuestra marcha hacia la sanación de nuestro Señor. “Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran” Mateo 7:13-14