Despojándonos del sufrimiento

La finalidad de ciertas criaturas que habitamos en la tierra del Señor resulta ser trascendental. Como los peces fueron concebidos para nadar, las aves para volar, el sol para dar luz y calor, comprenderemos entonces que nuestros corazones fueron creados para seguir la guía de Dios. Dicha esperanza debe mantenerse inalterable debido a que en primera medida, desde pequeños recibimos la Fe por medio del Bautismo. Dicho acto de Fe por parte de nuestros familiares nos da inicio sin saberlo en el camino de nuestro Salvador. Todas y cada una de las semillas que se encuentren en nuestro interior deben ser cuidadas y debemos dejarlas desarrollar, acompañadas de actos de Fe. Hechos que permitan multiplicar sus brotes de amor hacia Dios. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” Salmos 126:5-6

Sin importar que tan profundo hayamos caído en pecado, que tan perdidos y desesperados nos encontremos, debemos entender siempre que Jesús ya nos salvó. Es a Él a quien debemos encomendarnos y seremos libres invocando su nombre. No requeriremos un mediador especial para obtener su protección o el perdón de los pecados, ya que la distancia entre el hombre y la presencia de Dios se extinguió al realizar el acto divino de la Cruz. Así limpió nuestras conciencias culpables y tuvimos acceso ilimitado a Jesús. Desde ese día, estamos con él en el Paraíso.

En la escuela, en el hogar y en nuestros trabajos podemos enseñar por medio de la palabra y el ejemplo. Será nuestra garantía de éxito y se extenderá en todos los corazones que nos rodeen. “Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente.” Proverbios 3:3-4

Que sencillo nos resulta arrojar la toalla cuando la situación no marcha como la habíamos ideado ¿verdad?. Hasta nos tentamos en pensar que hicimos algo malo y por eso es que Dios nos envía ese castigo merecido. Es en ese instante que maldecimos y pensamos ¿Para qué seguí todas tus palabras y obré desde la Fe? ¿Ahora me tratas de este modo? En realidad Nuestro Señor lo que desea es que tu mismo te conozcas en ese escenario, en esa misma situación de dificultad. Quiere que superes dicha experiencia, ya que te conoce y sabe muy bien que eres fuerte y habilidoso para resistir y resolverla.

¿Cuántas veces te rendiste ante un problema? ¿Piensa entonces si esquivarlo o simplemente abandonar te acercó a Dios? ¿Crees que ese es el modo que el Padre Celestial desea que lo conozcas? No te rindas. No temas ante lo desconocido o ante ese salto de Fe que debes dar. Lo que necesitas es estar confiado y creyendo en Dios para ver esos resultados que tanto anhelas. Será una verdadera recompensa ante la Fe que mantuviste hacia él en esos momentos de desdicha. No dejes que te roben la satisfacción de recibir al señor diariamente. En oración, en tus actos, en tu corazón. Rebalsa en gestos hacia nuestro Señor y muéstrale que estás junto a él. Nuestro padre es fiel a su palabra, por este motivo es que nunca te dejará sólo. Debes estar seguro de que Dios es el hogar de todos los que deseen hacerlo su refugio. “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor ”. Romanos 8:38-39