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Donando el Tiempo Necesario para Crecer Espiritualmente

Organizar nuestro tiempo para poder sentirnos mejor y en sintonía con el amor. Descubre el modo de enfocar tu energía en el siguiente artículo.

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“Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.” Mateo 7:12

Las prioridades hoy en día a veces parecen estar centradas en el ser individual, dejando de lado la mirada hacia las otras personas que nos rodean.

El contexto personal deja de lado muchas veces nuestro perfil solidario que relegamos y abandonamos en algún lugar de nuestro interior.

Esta sensación única y hermosa de poder ayudar a quienes lo necesiten, es parte del mensaje que El Señor quiere transmitir a todas las generaciones existentes.

El compromiso de amor con la Fe y la constancia junto al Espíritu Santo, serán los primeros pasos para retomar nuestra senda de ayuda.

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“Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo.” 1 Tesalonicenses 5:11

La condición necesaria para poder experimentar con profundidad la solidaridad es la honestidad. Debemos poder reaccionar ante un hecho o una persona necesitada con una acción concreta.

Tomar la decisión de darle una oportunidad a esa persona, donar nuestro tiempo en algún momento del día, ya sea con una pequeña conversación o compartiendo una comida, no importa el cómo, sino la intención pura. 

La solidaridad es genuina y nace de nuestro corazón siempre y cuando podamos encomendar nuestras palabras y decisiones hacia el Padre Celestial.

La solidaridad resulta ser una de las herramientas más potentes que nos ayudará a la transformación espiritual que podemos realizar hoy mismo.

Permaneciendo en la búsqueda del camino de la luz y del bien, recurramos a todas las enseñanzas y aprendizajes que Dios nos envía desde el Templo de los cielos.

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“Y finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.” 1 Pedro 3:8

Si se trata de una persona cercana, o un familiar, podemos muchas veces ofrecer nuestro tiempo y acercarnos de un modo más personal.

Podemos estar presentes y ser personas solidaridas desde una perspectiva material. Pero resultará mucho más gratificante la apertura espiritual y la sensación de ayuda en la Fe que reciba esta persona, ya que podremos circular en unión fraternal con Dios.

Es un gran momento para seguir el ejemplo del Señor, comprendiendo sus pasajes más reconocidos y viendo su perfil más solidario en los relatos de la Biblia.

Siempre notaremos que en sus historias, Jesús aportó a todas las personas que se lo toparon en el camino. Sin importar su apariencia o estatus social, el Salvador obró de forma abierta, solidaria y con la Gloria del Espíritu Santo.


“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

Gracias a todos los aprendizajes que recibimos de Dios y desde la paz y armonía de sus bendiciones, podemos sembrar maravillosas anécdotas y recuerdos de evolución espiritual.

Existen personas que tan solo piden algo de compañía, una palabra, una suave brisa que los devuelva al camino que piensan que han perdido.

Resta que podamos tomar la decisión de llevar a cabo la Palabra del Señor. Dando nuestra mano a todas las personas que así lo requieran, construyendo humildemente un nuevo camino hacia la luz que tanto necesiten.

Aprendamos a escuchar a hermanos y hermanas en la Fe, para lograr reencontrarnos en la senda del Señor.




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