En otras palabras: 3 cambios radicales que marcaron la forma en la que oramos hoy


“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

En el pasado, era común la Oración a modo de rendir homenaje. Ni los hebreos ni la mayoría de las demás naciones mencionadas en la Biblia tenían posturas determinadas para orar, aunque las que adoptaban eran sumamente respetuosas. Era común orar de pie, y Jesús debía estar orando de pie cuando, después de su bautismo, se abrió el cielo, el espíritu santo bajó sobre él en forma corporal de paloma y se oyó la propia voz de Dios hablando desde el cielo.

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“Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden.” Santiago 4:2

También adoptaban otras posturas, como ser la de rodillas. Esta era una postura común cuando se oraba. El propio Jesús se arrodilló a orar en el huerto de Getsemaní. Salomón también se arrodilló cuando oró en representación de la nación de Israel con motivo de la inauguración del templo. Si bien es cierto que en muchas de las referencias a la oración la Biblia emplea la palabra rodillas en plural, es posible que a veces la persona solo se apoyase en una rodilla, como hacen hoy en ocasiones los orientales.

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“No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.” Juan 15:16

Para adorar, los judíos volvían el rostro hacia la ciudad de Jerusalén y su templo dondequiera que estuviesen. Ezequiel vio en una de sus visiones a 25 hombres de espaldas al templo de Jehová, inclinándose con los rostros vueltos hacia el Este. templos de los que rendían culto al Sol estaban construidos de tal modo que la entrada estaba por el Oeste, lo que obligaba a los adoradores a entrar de cara al Este. En cambio, el templo de Jehová tenía su entrada por el Este, de tal manera que cuando los adoradores de Jehová entraban, lo hacían de espaldas a la salida del Sol.