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Hazlo correctamente: Los 4 principios básicos de la predicación, una tarea delicada.

Predicar correctamente no es tarea sencilla, razón por la cual hay que prepararse a conciencia y pensando en cómo podríamos ayudar a quienes más lo necesiten. Esta guía te ayudará a tener en orden lo necesario para realizarlo de la mejor manera.

“Así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.” Hechos 13:47

El primer principio acerca de la predicación es el de querer superarse día a día, recordemos que aquí no nos andamos con medias tintas y el Señor tampoco, deberemos buscar superarnos constantemente, llegar a nuestro máximo potencial tal y cual como Dios se merece. No olvidemos que debemos hacer que Cristo se sienta orgulloso de nosotros.

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“A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.” Romanos 1:16

Una buena manera de conseguir la ayuda Divina a la hora de predicar es orar, ya que de esa manera estaremos inmersos en el canal de comunicación directo que mantenemos con Dios y eso nos habilitará para pedirle consejos acerca de cómo mejorar en lo que nos propongamos predicar. Orar hace que el Señor permanezca junto a nosotros y nos ilumine a la hora de predicar en Su nombre.

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“Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.” 1 Corintios 15:1-2

Auto evalúate, ya que si no evaluamos nuestras predicaciones, difícilmente nos daremos cuenta de los aspectos que debemos mejorar. Pedir a nuestra gente de confianza que nos critiquen constructivamente contestando sinceramente algunas preguntas sobre nuestras predicaciones nos dará una perspectiva clara de nuestras áreas a mejorar. Por otro lado, recordemos que progresar implica corregir, partiendo siempre de la premisa que dice que nuestras predicaciones no son perfectas y que siempre hay espacio para mejorar.

No olvidemos que la evaluación nos ayudará a identificar los puntos débiles de nuestras predicaciones: Sacar citas de su contexto; no hacer una verdadera conexión con nuestros oyentes; tener una aplicación escasa o demasiado repetitiva, o simplemente extendernos demasiado pueden ser algunos de los problemas más recurrentes a la hora de predicar. Entonces, una vez identificadas estas debilidades, debemos empezar a hacer cambios para corregirlas.

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“En aquel día se dirá: Alaben al Señor, invoquen Su nombre; den a conocer entre los pueblos Sus obras; proclamen la grandeza de Su nombre.” Isaías 12:4

Finalmente, estoy convencido de que lo que transforma un mensaje de Cristo en una predicación es el corazón del propio predicador que ha sido tocado por la mano de Dios. Recordemos que la prédica debe ser sincera ya que, en el momento que no lo sea, esto se notará. Solamente deberemos dejar que el mensaje nos afecte a nosotros primero. No olvidemos que un corazón impactado por la Palabra de Dios produce una necesidad irreprimible de llevar la palabra de Dios a todos lados en el predicador.





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