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Juntos es mejor: 5 costumbres que adquirimos cuando caminamos junto a Dios

Al transitar el camino que Dios propone, experimentamos un crecimiento espiritual que no conoce barreras. La paz nos embarga y logramos alcanzar un amor infinito y digno. Conoce las fortalezas de estar cerca del Padre Celestial.

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“Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente.” Proverbios 3:3-4

Crecemos en espíritu. Al transitar el camino que Dios propone, experimentamos un crecimiento espiritual que no conoce barreras. La paz nos embarga y logramos sentirnos más plenos, obteniendo de esa forma la claridad para poder sortear situaciones que de otro modo nos sería imposible abordar. Dicha tranquilidad será finalmente la llave que nos abra las puertas de una relación más estrecha con Dios y todas las personas que nos rodean.

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“Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una Fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.” 1 Corintios 13:2

Crecemos en solidaridad. Porque este aspecto también forma parte de nuestro acercamiento a Cristo, quien desde su testimonio en la Santa Biblia así como también a través de Su ejemplo nos indica que nuestro crecimiento nunca será completo si nos centramos en nosotros mismos sin ayudar al prójimo, quien es, junto a nosotros, el objeto del amor de nuestro Santo Padre.

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“Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente.” 1 Juan 4:12

Crecemos en empatía. La empatía es la génesis de la solidaridad, es el primer paso que nos dará acceso pleno a ayudar a nuestros hermanos. La empatía consiste en ponerse en el lugar del otro y de esa manera experimentar en carne propia las alegrías pero también las penurias que viven todos aquellos que nos rodean. Completa esta misión para adquirir solidaridad.

“Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.” 1 Juan 4:20

Contagiamos lo positivo. Porque a diferencia de todo aquello negativo, las sensaciones y sentimientos positivos se contagian más rápido y de manera más efectiva. Tengamos en cuenta que lo que debemos hacer es comenzar a conformar una red de positivismo que en poco tiempo se expandirá y hará las veces de escudo protector para todas aquellas cosas que no queremos en nuestra vida.


“¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él.” 1 Juan 3:1

Nos acercamos más a Dios. Habiendo cumplido todo lo anterior o, mejor dicho, habiendo adquirido todas aquellas características ya mencionadas, también habremos de obtener una recompensa que se encuentra presente en todo lo que Dios nos manda a hacer: acercarnos cada vez un poco más a Él. Sólo de esa manera experimentaremos un verdadero acercamiento a nuestro Padre, el cual nos colmará de todos los beneficios de contar con el amor de Cristo para nuestro gozo.





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