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La Fe en Tiempos de Prueba

A medida que avanzamos en nuestro camino hacia Cristo, nuevas pruebas de Fe aparecerán frente a nuestro corazón. Aprende a reconocerlas y a comprender la importancia de una muy especial mediante el siguiente artículo.

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“Porque a ustedes se les ha concedido no solo creer en Cristo, sino también sufrir por él.” Filipenses 1:29

La confirmación es un sacramento que administra la Iglesia católica. Está considerado entre los sacramentos de iniciación siendo recibido en tercer lugar, tras el bautismo y la eucaristía, sacramento por el que las personas bautizadas se integran de forma plena como miembros de la comunidad. En la Iglesia antigua, el rito se administraba de forma sacramental e inmediata después del bautismo y ésta sigue siendo la costumbre en la Iglesia ortodoxa.

El sacramento de la confirmación simboliza una etapa crucial en la vida de un cristiano. Enfrentar esta prueba de fe con un corazón abierto y dispuesto a recibir la gracia divina es fundamental para fortalecer nuestra relación con Dios y nuestra comunidad. La preparación y el entendimiento profundo de este sacramento nos ayudan a afirmar nuestra fe y compromiso con la vida cristiana.

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“¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación, que fue anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.” Hebreos

En la Iglesia católica a partir de 1600 hasta el siglo XX, la confirmación se aplazó entre los dos y los siete años del bautizo del niño. A partir del Concilio Vaticano II se delega más allá, hasta la primera adolescencia. En efecto, por razones de índole pastoral y como forma de preparar mejor a los confirmandos en el umbral de la adolescencia, la Iglesia católica suele retrasar la administración de la confirmación.

Este retraso busca asegurar que los jóvenes entiendan y aprecien la importancia del sacramento. Al recibir la confirmación en la adolescencia, los confirmandos están en una etapa de desarrollo donde pueden tomar decisiones más conscientes sobre su fe y compromiso con Dios. Este tiempo de preparación incluye la catequesis, que les proporciona una base sólida en las enseñanzas de la Iglesia y les ayuda a vivir su fe de manera auténtica y madura.

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“Un solo testigo no basta para condenar a nadie por cualquier crimen o pecado que haya cometido. Todo asunto se resolverá mediante el testimonio de dos o tres testigos.” Deuteronomio 19:15

En la Iglesia católica, la confirmación se efectúa mediante la imposición de manos sobre todos los confirmandos, y la unción con óleos sagrados (crismación). En latín se denominó consignatio al signo de la cruz realizado por el obispo sobre la frente del confirmando. Hasta el siglo V, la consignatio era distinta de la crismación (unción con el óleo sagrado), luego se unificó en un rito único. La ceremonia se realiza por un obispo o, en su caso, un sacerdote autorizado.

El acto de la imposición de manos y la unción simboliza la recepción del Espíritu Santo. Este momento es profundamente significativo, marcando un nuevo capítulo en la vida espiritual del confirmando. La presencia del Espíritu Santo proporciona fortaleza, sabiduría y discernimiento para enfrentar los desafíos de la vida cristiana. Es un recordatorio tangible de la gracia y el apoyo continuo de Dios en nuestra jornada de fe.


“Entonces los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban.” Marcos 16:20

Este sacramento significa para el católico hacer su Fe y continuar con ella, este incentiva a la formación cristiana permanente y a la catequesis de adultos donde Dios los elige como sus hijos. A los bautizados, el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo.

En la Iglesia anglicana solo los obispos administran el sacramento. En las iglesias luteranas y ortodoxas, el rito lo realizan de forma habitual los pastores y los sacerdotes. En Oriente la imposición de manos desapareció rápidamente y se considera la crismación como el elemento esencial de la confirmación.

La confirmación es más que un rito; es un compromiso renovado con la vida cristiana y una reafirmación de la fe. Nos recuerda nuestra misión de ser testigos de Cristo en el mundo, fortalecidos por el Espíritu Santo para vivir de acuerdo a los principios del Evangelio. Este sacramento nos prepara para enfrentar las pruebas con confianza y esperanza, sabiendo que Dios nos acompaña en cada paso del camino.




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