La Guía del Señor como modo de vida: Reflexiones para retomar el camino de la Fe

Cuando tomamos la maravillosa decisión de caminar los senderos del Señor, sabemos perfectamente que ese camino será un camino de dicha y regocijo que, sin embargo, no estará exento de situaciones difíciles que deberemos afrontar sustentados en la Fe de Cristo.

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 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11 

Son muchos los motivos que pueden producir en nuestro interior actitudes y acciones negativas que nos alejen de la Gracia de Dios. La pérdida de un ser querido, la falta de trabajo, la incertidumbre que generan los problemas económicos son factores que atentan de forma directa contra nuestra autoestima, esperanza y voluntad.  Ante situaciones de este tipo, debemos reconocer que cuando nos desviamos del camino Salvo del Señor, nos aislamos cada vez más de nuestro entorno y nos olvidamos de nosotros mismos, del valor y la Misión que El Eterno nos ha encomendado.

No tengamos vergüenza, entonces, de comenzar a reconocer que somos seres increíblemente frágiles que dependemos completamente del Altísimo.

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“Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti”. Salmos 32:8

Muchas veces, nos hemos comportado de manera tan negativa y nociva con nosotros mismos y con nuestro entorno, que llegamos a pensar que no somos merecedores de la Misericordia del Señor.

Esta impresión es absolutamente falsa.

Cuando la Guía de Dios se hace nuevamente visible en nuestro horizonte, comprendemos a la perfección que Él Siempre estuvo allí, transitando el dolor y la tristeza a nuestro lado, sosteniéndonos cuando creíamos que nadie lo hacía, aliviando nuestras cargas, hablándonos constantemente. Por eso, si estamos atravesando una experiencia complicada y detectamos que hemos estado intentando ocultarnos del Señor, aceptemos la ayuda de nuestros seres queridos, aceptemos la cercanía de los afectos activando nuestro Don de Humildad y Arrepentimiento. Alejemos el temor de nuestras existencias, siempre seremos dignos del cuidado, la compasión y la Misericordia de nuestro Padre Celestial.

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“Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, y si por los ríos, no te cubrirán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará”. Isaías 43:2

Recordemos que la presencia de Dios no es la ausencia de problemas sino la valentía y la Sabiduría para abordarlos y superarlos.

Esto no significa que El Señor resolverá todos nuestros conflictos, significa que cuando las aguas nos cubran, Él no dejará que nos ahoguemos y que ante las llamas, tendremos la certeza de que nos cubrirá con Su Espíritu para mostrarnos Su Gloria y revelarnos la importancia que tiene nuestra vida.


“Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. Efesios 2:10 

Pongamos en manos de Dios los obstáculos que no nos dejan avanzar, cambiemos la perspectiva de nuestra mirada, dándole un enfoque renovado y vital. Tengamos presente que somos hijos del Señor y que somos muy valiosos para Él. Él ha trazado un Plan para nuestras vidas y cuenta con nuestro Compromiso.

Liberemos nuestro corazón de aquello que nos aleja del camino y alcancemos la Paz que calma nuestro Espíritu que solo puede brindar la Presencia de nuestro Padre Celestial.