Los 4 beneficios de encomendarte a Dios en todo momento.

Seremos más felices

“Pero yo cantaré de tu poder, Y alabaré de mañana tu misericordia; Porque has sido mi amparo Y refugio en el día de mi angustia. Oh Fortaleza mía, a ti canto alabanzas, porque tú, oh Dios, eres mi refugio, el Dios que me demuestra amor inagotable.” Salmos 59:16 -17

Ya que bajo la premisa de que lo hagamos todo con amor, Su santa bendición ilumina nuestro camino con compasión, haciéndonos dueños de la más pura felicidad.

Recordemos entonces de esta manera, que nuestra felicidad depende pura y exclusivamente de nuestros corazones.

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Practicaremos el verdadero perdón.

“Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, tu fidelidad cada noche, en el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa. Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo.” Salmos 92:1-4

Muchas veces nos hemos contentado por haber perdonado al prójimo, pero pocas nos hemos puesto a pensar si nuestro perdón es verdadero.

Para alcanzarlo, debemos dejar de lado nuestro orgullo, y eso se obtiene creando un puente de empatía con quien nos ofendió.

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Seremos dignos hijos suyos

”Oh Señor, ten piedad de nosotros; en Ti hemos esperado. Sé nuestra fortaleza cada mañana, también nuestra salvación en tiempo de angustia.” Isaías 33:2

Porque no hay orgullo más grande que ser llamados dignos hijos de Cristo, lo cual nos hace beneficiarios de la confianza más ansiada de todas: la de nuestro Santo Padre, al mismo tiempo que nos carga del deber más alto de todos:

el de representar a Cristo en todo momento, con toda palabra que salga de nuestra boca y todo acto que nuestro cuerpo lleve a cabo.

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Seremos merecedores de la vida eterna junto a Él.

“Y han de estar presentes cada mañana para dar gracias y para alabar al Señor, y asimismo por la noche.” Crónicas 23:30

Una de sus más famosas promesas, junto a la promesa de una segunda venida, es seguramente la de la vida eterna para todos sus hijos e hijas. Si por momentos pensamos que transitar el camino de Dios no es tarea fácil, también debemos tener en cuenta la promesa de la vida eterna como meta de esta carrera, como trofeo a aspirar.

Tan sólo imaginemos por un instante cómo sería una eternidad junto al amor de Cristo.