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Puentes para Alcanzar la Comunión en Navidad

Construye y facilita el momento adecuado para recibir esta tradición divina. En el siguiente artículo encontrarás algunos versículos para iluminarte.

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“Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse” Santiago 1:19

En un mundo cada vez más materialista y desconectado de la espiritualidad, es importante preguntarnos qué es lo que realmente deseamos y anhelamos para nuestras vidas. ¿Ser mejores personas? ¿Sentir el amor de nuestros seres queridos?

A menudo, nos enfocamos en logros y metas superficiales, como tener una casa propia, viajar o tener un trabajo estable. Pero si nos detenemos a pensar, nos damos cuenta de que estos objetivos son el reflejo de un mundo despojado de la fe y centrado en la avaricia y el individualismo.

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“¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo?”. Lucas 6:41

¿Qué sentido tiene perseguir estos logros si solo el 2% de la población mundial puede acceder a estudios universitarios y solo un 12% tiene un trabajo estable? Es en este momento en que debemos detenernos y repensar nuestras prioridades y anhelos.

Debemos entender que cada persona tiene sus propias vivencias únicas e irrepetibles, y que la felicidad no puede ser completa si no contemplamos a los demás en un todo inclusivo. Debemos realizar autocrítica y evaluar nuestra condición como personas, y preguntarnos qué sentido tiene alimentar valores superficiales si no tenemos una verdadera fe en la vida.

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“Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos”. Eclesiastés 9:11

Además, a menudo somos ciegos a nuestras propias necesidades y las de los demás. No escuchamos al otro cuando hablamos o discutimos, y siempre queremos tener la razón y jactarnos de nuestro propio conocimiento.

Pero la verdadera felicidad y plenitud se encuentra en la solidaridad y el deseo de bienestar para los demás. En dar oportunidades, perdonar y ayudarnos unos a otros. Eso es lo que significa comulgar con Jesús y seguir su camino de amor y paz.


"Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza." Salmos 119:114

Si entendemos que sólo el 2% de la población mundial puede acceder a estudios universitarios y que solo un 12% de los jóvenes tienen un trabajo estable, nos damos cuenta de que nuestros anhelos giran en torno a un mundo despojado de fe. Nos convertimos en el centro de nuestra propia codicia y dejamos de ver a nuestro Creador como nuestra guía para sentirnos plenos.

Pero ¿podemos percibir que en nuestro entorno hay otras realidades? ¿Que las vivencias internas de cada persona son únicas e irrepetibles? ¿Que nunca podremos sentirnos completos si no contemplamos a los demás de manera inclusiva?


“¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo?”. Lucas 6:41

¿Qué es lo que realmente deseamos y anhelamos para nuestras vidas? ¿Ser mejores personas? ¿Sentir el amor de los seres queridos?

En lugar de eso, debemos construir puentes que nos lleven de un espacio individual de paz y amor hacia un lugar inmenso, sin fronteras, donde el lenguaje común es la solidaridad. Debemos respetarnos y desear el bienestar para los demás. Eso es lo que significa comulgar de la mano de Jesús, darnos oportunidades, perdonarnos y ayudarnos mutuamente.




Versículo diario:


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