El Valor del Esfuerzo

Los sacrificios y esfuerzos sólo suponen aceptar el compromiso y hacer que nuestra entrega sea plena, ¿pero estamos en condiciones?

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“Pero el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar; y sucederá que en el lugar donde se les dice: No sois mi pueblo, se les dirá: Sois hijos del Dios viviente.” Oseas 1:10

Primeramente cabe mencionar que un digno hijo de Dios es aquel que ha asumido el compromiso de tener a Dios como único guía en esta vida. Nótese que no hablamos de vida espiritual, sino de todo lo que ella encierra: Dios como único Norte. Al aceptar dicho compromiso, nos hacemos responsables de vivir acorde a Su ley y a Sus mandatos.

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“Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos.” Lucas 6:35

Un digno hijo de Dios posee una capacidad de empatía que hace que los problemas del prójimo los sufra como propios, generando un amor inevitable por el otro, intentando ayudarlo sin miramientos. De esa manera se cumple la ley primera de Cristo: amarás a tu prójimo como a ti mismo. 

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“Y Jesús les dijo: Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio, pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio; porque tampoco pueden ya morir, pues son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.” Lucas 20:34-36

El sabio y humilde consejo son características propias de un cordero del rebaño de Dios. Recordemos que no es necesario contar con experiencia para dar un consejo ni para tender una palabra de aliento, tan sólo basta recurrir a la Palabra de Dios para saber cómo obró el Altísimo en una situación similar a la que estamos atravesando. 



“Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.” Juan 1:12-13

Un digno hijo de Dios tiene un aspecto apacible, porque él sabe que cuenta con la invaluable compañía del Señor, porque agradece todas las bendiciones que recibe y que lo enaltecen como persona. También sabe que su futuro está asegurado a la derecha de Cristo, con la férrea promesa de una vida eterna en el paraíso junto a los que siempre amó.



“para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo,” Filipenses 2:15

Un digno hijo de Dios honra y glorifica al Santísimo en todo momento, ya que vive a través Suyo. Honrar al Señor significa estar en permanente relación estrecha con Dios, atentos a hacer Su voluntad cuando Él la manifieste en nuestros corazones.












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